Cuidaos de quienes contradicen los mandamientos de Dios

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“He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso… el altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová”. 1 Reyes 13:1, 5.

Cuando Jeroboam [quien reinó sobre las diez tribus de Israel después de Salomón] vio el altar roto y las cenizas dispersas en tierra, montó en cólera y exclamó: “¡Prendedle!

Mas la mano que había extendido contra él, se le secó y no la pudo enderezar”.

Alarmado le dijo al profeta: “Te pido que ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por mí, para que mi mano sea restaurada. Y el varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era antes”.

“Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un presente. Pero el varón de Dios dijo al rey: Aunque me dieras la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar. Porque así me está ordenado por Palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el camino que fueres”.

El profeta se negó a recibir un presente de Jeroboam, pero cayó ante la tentación de un anciano profeta que vivía en Betel… Y éste, yendo a él, le dijo: “Ven conmigo a casa, y come pan”. Pero el varón de Dios le respondió del mismo modo que a Jeroboam… Entonces, el anciano profeta mintiéndole, le dijo: “Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua”. Le dijo que el Señor le había hablado, cuando en realidad no lo había hecho. Sin duda, esto se repetirá una y otra vez.

El varón de Dios había sido intrépido al dar su mensaje de reproche. No había vacilado en condenar el falso sistema de culto del rey. Y había rechazado la invitación de Jeroboam, aunque se le prometió una recompensa; pero se tomó la libertad de dejarse persuadir por uno que pretendió tener un mensaje del cielo.

Cuando el Señor da a un hombre una orden como la que dio a este mensajero, sólo él puede revocar la orden. El mal anunciado caerá sobre los que se apartan de la voz de Dios para escuchar contraórdenes. Como este mensajero obedeció órdenes falsas, Dios permitió que fuera destruido…

La destrucción del altar, el brazo desecado y las terribles consecuencias de la desobediencia del profeta eran evidencias que debieron haber conducido al rey a volverse de sus malos caminos a fin de servir al Señor. Pero, leemos, “Con todo esto, [164] no se apartó Jeroboam de su mal camino”.—Manuscrito 1, 1912.

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