DANIEL 8: 14 Y EL JUICIO INVESTIGADOR

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DANIEL 8: 14 Y EL JUICIO INVESTIGADOR

14 Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado.(Dn.8:14 RV 1960)

Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial •’

Hay un santuario en el cielo, el tabernáculo verdadero que levantó el Señor y no el hombre. En él, Cristo ministra en nuestro favor para poner a disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio ofrecido una vez para siempre en la cruz. Fue investido como nuestro gran Sumo Sacerdote y comenzó su ministerio intercesor en el momento de su ascen- sión. En 1844, al final del período profético de los 2.300 días, entró en la segunda y última fase de su ministerio expiatorio. Es la obra del juicio investigador, que es parte de la dispensación final de todo pecado, tipificado por la purificación del antiguo santuario hebreo en el Día de la Expiación. En aquel servicio típico el santuario era purificado con la sangre de los sacrificios animales pero las cosas celestiales son purificadas con el sacrificio perfecto de la sangre de Jesús,-(El párrafo 23 de la declaración doctrinal votada en el Congreso de la Asociación General de 1980, en Dalias)

“El juicio Investigador revela a las inteligencias celestiales quiénes de entre los muertos están durmiendo en Cristo, y en El, por lo tanto, son dignos de tener parte en la primera resurrección. Pone de manifiesto tam- bién quiénes, de entre los vivos, moran en Cristo, guardan los mandamientos de Dios y~tienen la fe de Jesús, y en El, por lo tanto, están listos para la traslación a su reino sempiterno. Este juicio vindica la justicia de Dios al salvar a quienes creen en Jesús. Declara que los que han permanecido fieles a Dios recibirán el reino. La terminación de este ministerio de Cristo marcará el fin del tiempo de gracia para los humanos antes de la segunda venida”. (Heb. 8: 1-5; 4: 14-16; 9: 11-28; 10: 19-22; 1: 3; 2: 16,17; Dan. 7: 9-27; 8: 13, 14; 9: 24-27; Núm. 14: 34; Eze. 4: 6; Lev. 16; Apoc. 14: 6, 7;’ 20: 12; 14: 12; 22: 12.)” (1981 Seventh-day Adventist Yearbook,

Rafael Díaz

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