El maestro enviado de Dios

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Sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Juan 3:2.

En la extraordinaria simpatía que Cristo manifestó hacia los demás siempre demostró una serenidad firme y equilibrada. Hizo el bien con una tranquilidad y una constancia paciente nunca igualadas por ningún ser humano. Los fariseos y saduceos le seguían las pisadas constantemente; y muchos de ellos, al escuchar sus palabras y observar su serenidad, aun frente al ataque de hombres coléricos y descorteses, creyeron en él…

Todo el desprecio y la amargura que Cristo encontraba a diario no lo pudieron despojar de su serenidad. Cuando lo insultaban, él no devolvía las injurias… Nunca cruzó los límites de la corrección. ¿Quién era él? La Majestad del cielo, el Rey de gloria. La tormenta levantada por sus opositores azotaba a su alrededor, pero él no le prestaba atención. Podía darse el lujo de  mantenerse en calma, porque era la encarnación viviente de la verdad.

Y actualmente los que proclaman el mensaje de verdad al mundo deberían estudiar la vida de Cristo y practicar sus lecciones.

Nunca olviden que son hijos del Rey celestial, hijos e hijas del Señor de los ejércitos. Mantengan una compostura tranquila en Dios, aun cuando se encuentren con personas movidas por un poder inferior y dispuestas a sostener falsedades. Tengan la certeza de que sus mejores armas son incapaces de destruir la verdad, no importa cuánto se esfuercen por ennegrecerla con sus representaciones fraudulentas. “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” Romanos 8:31…

El era el Maestro enviado por Dios para instruir a la humanidad. Como alguien que posee todo el poder restaurador, Cristo habló de atraer a todos los seres humanos a él, y de concederles la vida eterna. En él hay poder para sanar toda enfermedad física y espiritual.

Cristo vino a nuestro mundo con la conciencia de una grandeza más que humana, a realizar una tarea que debía producir resultados infinitos. ¿Dónde se lo encuentra mientras lleva a cabo esta labor? En la casa de Pedro el pescador. Descansando junto al pozo de Jacob, mientras le conversa a la mujer samaritana acerca del agua de vida. Generalmente enseñaba al aire libre, pero a veces lo hacía en el templo, porque asistía a las reuniones del pueblo judío. Pero más a menudo enseñaba sentado junto a la montaña, o desde un bote de pescadores. Se adentró en las vidas de estos pescadores humildes. Su simpatía era empleada en favor de los necesitados, los sufrientes y los despreciados; y muchos eran atraídos hacia él… Y a los que actualmente suspiran por recibir descanso y paz, tan ciertamente como a los que escucharon sus palabras en Judea, les dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Mateo 11:28.—The Signs of the Times, 24 de junio de 1897.

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