Falsificación de los dones del espíritu | Joyas de los Testimonios 1

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Falsificación de los dones del espíritu | Joyas de los Testimonios 1


Un espíritu de fanatismo ha regido cierta clase de observadores del sábado [del este de los Estados Unidos]; han bebido tan sólo pocos sorbos de la fuente de verdad, y no conocen el espíritu del mensaje del tercer ángel. Nada puede hacerse para esta clase hasta que corrija sus opiniones fanáticas. … {1JT 161.1}

Algunas de esas personas tienen manifestaciones de lo que llaman dones, y dicen que el Señor las ha colocado en la iglesia. Hablan en una jerigonza incomprensible que llaman la lengua desconocida, y que lo es no sólo para el hombre, sino para el Señor y todo el cielo. Estos dones son fabricados por hombres y mujeres ayudados por el gran engañador. El fanatismo, la falsa agitación, el falso hablar en lenguas y los servicios ruidosos han sido considerados dones que Dios ha colocado en la iglesia. Algunos han sido engañados. El fruto de todo esto no ha sido bueno. “Por sus frutos los conoceréis.” Mateo 7:16. El fanatismo y el ruido han sido considerados como evidencias especiales de la fe. {1JT 161.2}

Algunos no se quedan satisfechos con una reunión a menos que sientan cierto poder y momentos felices. Trabajan para esto y despiertan sentimientos de excitación. Pero la influencia de tales reuniones no es benéfica. Una vez desaparecida la sensación fugaz de felicidad, descienden más bajo que antes de la reunión, porque su felicidad no proviene de la debida fuente. Las reuniones más provechosas para el progreso espiritual son aquellas que se caracterizan por la solemnidad y el escudriñamiento profundo del corazón; en las cuales cada uno procura conocerse a sí mismo y con fervor y profunda humildad se esfuerza por aprender de Cristo. … {1JT 161.3}

Son muchos los espíritus inquietos que no quieren someterse a la disciplina, el sistema y el orden. Piensan que sus libertades quedarían cercenadas si pusiesen a un lado su propio juicio y se sometiesen al de personas de experiencia. La obra de Dios no progresará a menos que los hermanos decidan someterse al orden y expulsar de las reuniones el espíritu temerario y desordenado del fanatismo. Las impresiones y los sentimientos no son evidencia segura de que una persona es conducida por el Señor. Satanás creará sentimientos e impresiones, si no se sospecha de él. Estas cosas no son una guía segura. {1JT 162.1}

 

Todos deben dar siempre un buen ejemplo

 

Todos deben familiarizarse cabalmente con las evidencias de nuestra fe, y el gran objeto de su estudio debe ser cómo adornar la profesión de fe con frutos dignos de la gloria de Dios. Nadie debiera proceder en forma que repela a los incrédulos. Debemos ser castos, modestos y elevados en nuestra conversación e inmaculados en la vida. Debe refrenarse un espíritu trivial, temerario y bromista. No es evidencia de los efectos de la gracia de Dios sobre el corazón que las personas hablen y oren con talento en la reunión, y luego, cuando han salido de ella, se entreguen a una conversación y conducta grosera y descuidada. Las tales personas son muy malos representantes de nuestra fe; son un oprobio para la causa de Dios. {1JT 162.2}

Hay una extraña mezcla de opiniones entre los profesos observadores del sábado de * * *. Algunos no están en armonía con el resto de la iglesia, y mientras continúen asumiendo esa actitud, estarán sujetos a las tentaciones de Satanás, y quedarán afectados por el fanatismo y el espíritu de error. Algunos tienen opiniones fantásticas que los ciegan con respecto a muchos puntos vitales e importantes de la verdad, y los inducen a colocar sus propias deducciones caprichosas al mismo nivel que la verdad vital. La apariencia de los tales y el espíritu que los acompaña hacen que el incrédulo sensato presente objeciones contra el sábado por el cual aquéllos abogan. Sería mucho mejor para el progreso y el éxito del mensaje del tercer ángel que las tales personas dejasen la verdad. … {1JT 162.3}

Los ministros que predican la doctrina deben ser obreros cabales, deben presentar la verdad en su pureza, aunque con sencillez. Deben apacentar la grey con forraje limpio, esmeradamente aventado. {1JT 163.1}

Hay estrellas fugaces que profesan ser ministros enviados por Dios y van predicando el sábado de lugar en lugar; pero han mezclado la verdad con el error y le ofrecen al pueblo el conjunto de sus opiniones dispares. Satanás los ha introducido para disgustar a los incrédulos inteligentes y sensatos. Algunos tienen mucho que decir acerca de los dones, y tienen a menudo manifestaciones especiales. Se entregan a sentimientos desenfrenados y excitantes, y hacen ruidos ininteligibles que llaman don de lenguas. Cierta clase de personas parece encantada con estas extrañas manifestaciones. Un espíritu extraño domina a estas gentes, que están dispuestas a atropellar a cualquiera que se proponga reprenderlas. El Espíritu de Dios no está en esta obra y no acompaña a tales obreros. Ellos tienen otro espíritu. Sin embargo, estos predicadores tienen éxito entre cierta clase. Pero esto multiplicará el trabajo de aquellos siervos a quienes Dios envíe, que estén preparados para presentar a la gente el sábado y los dones en su debido marco, y cuya influencia y ejemplo sean dignos de imitación. {1JT 163.2}

La verdad debe ser presentada de una manera que la haga atractiva para el espíritu inteligente. No se nos comprende como pueblo, sino que se nos considera como personas degradadas, de intelecto débil y humilde condición. Por lo tanto, cuán importante es que todos los que enseñan la verdad y todos los que la creen estén de tal manera afectados por su influencia santificadora que su vida consecuente y elevada demuestre a los incrédulos que han estado equivocados con respecto a este pueblo. Cuán importante es que la causa de la verdad quede despojada de todo lo que se parezca a una excitación falsa yfanática, a fin de que la verdad se destaque por sus propios méritos, revelando su pureza original y su carácter excelso. {1JT 163.3}

Vi que es sumamente importante que aquellos que prediquen la verdad sean de modales refinados, y que rehuyan las rarezas y excentricidades, y presenten la verdad en su pureza y claridad. Se me refirió a Tito 1:9: “Retenedor de la fiel palabra que es conforme a la doctrina: para que también pueda exhortar con sana doctrina, y convencer a los que contradijeren.” En el versículo 16, Pablo habla de una clase que profesa conocer a Dios, pero lo niega por sus obras, siendo “reprobados para toda buena obra.” Exhorta así a Tito: “Empero tú, habla lo que conviene a la sana doctrina: que los viejos sean templados, graves, prudentes, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia. … Exhorta asimismo a los mancebos a que sean comedidos; mostrándote en todo por ejemplo de buenas obras; en doctrina haciendo ver integridad, gravedad, palabra sana, e irreprensible; que el adversario se avergüence, no teniendo mal ninguno que decir de vosotros.” Tito 2:1-8. Esta instrucción fué escrita para beneficio de todos aquellos a quienes Dios ha llamado a predicar la Palabra y también para beneficio de sus hijos que la oyen. {1JT 164.1}

 

La verdad eleva

 

La verdad de Dios no degradará nunca al que la reciba, sino que lo elevará, refinará su gusto, santificará su juicio y lo perfeccionará para que pueda estar en compañía de los ángeles puros y santos en el reino de Dios. A algunos la verdad los encuentra toscos, rudos, singulares, jactanciosos; son personas que se aprovechan de sus vecinos si pueden, para beneficiarse a sí mismas y que yerran de muchas maneras; sin embargo, cuando creen en la verdad de todo corazón, ésta realiza un cambio completo en su vida. Comienza inmediatamente una obra de reforma. {1JT 164.2}

La influencia pura de la verdad elevará a todo el ser. En su trato comercial con sus semejantes, tendrá presente el temor de Dios; amará a su prójimo como a sí mismo y lo tratará como quisiera ser tratado. Su conversación será veraz, casta y de un carácter tan elevado que los incrédulos no podrán valerse de ella ni decir mal de él con justicia, ni quedarán disgustados por sus modales descorteses y conversación inconveniente. Introducirá la influencia santificadora de la verdad en su familia, y delante de ella dejará brillar su luz de tal manera que, viendo sus buenas obras, pueda glorificar a Dios. En todas las ocupaciones de la vida, ejemplificará la de Cristo. {1JT 164.3}

 

Nuestro blanco es la perfección

 

La ley de Dios no se conformará con nada que no sea la perfección, una obediencia perfecta y completa a todos sus requerimientos. De nada valdrá cumplirlos a medias, y no prestar una obediencia perfecta y cabal. El mundano y el incrédulo admiran a los que son consecuentes, y siempre han sido poderosamente convencidos de que Dios estaba en verdad con su pueblo cuando sus obras han correspondido a su fe. “Por sus frutos los conoceréis.” Mateo 7:16. Cada árbol se conoce por sus frutos. Nuestras palabras y nuestras acciones son el fruto que llevamos. {1JT 165.1}

Son muchos los que oyen los dichos de Cristo, pero no los cumplen. Hacen profesión de fe, pero sus frutos son tales que disgustan a los no creyentes. Son jactanciosos, y oran y hablan de una manera que refleja justicia propia; se ensalzan, relatan sus buenas acciones, y, como el fariseo, agradecen virtualmente a Dios porque no son como los demás. Sin embargo, estas mismas personas son astutas, y cometen extorsiones en los negocios. Sus frutos no son buenos. Sus palabras y actos son malos, y sin embargo, parece que no advierten su condición indigente y miserable. {1JT 165.2}

Me fué mostrado que el siguiente pasaje se aplica a los que están en tal engaño: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.” Mateo 7:21-23. {1JT 165.3}

Este es el mayor engaño que pueda afectar a la mente humana; estas personas creen que obran bien cuando están obrando mal. Piensan que están haciendo una gran obra en su vida religiosa, pero Jesús les arranca finalmente su manto de justicia propia, y les presenta vívidamente el cuadro fiel de lo que son, con todos sus yerros y la deformidad de su carácter religioso. Son hallados faltos cuando es demasiado tarde para que sus necesidades queden suplidas. Dios ha provisto medios para corregir a los que yerran; pero si éstos prefieren seguir su propio juicio y desprecian los medios que él ha ordenado para corregirlos y unirlos en la verdad, quedarán en la situación descrita por las palabras de nuestro Señor citadas más arriba. {1JT 166.1}

Dios está sacando a un pueblo y preparándolo para que se destaque por su unidad, hable las mismas cosas y cumpla así la oración de Cristo en favor de sus discípulos: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste.” Juan 17:20, 21. {1JT 166.2}

 

Grupitos de almas inquietas

 

Continuamente surgen grupitos de personas que creen que Dios está únicamente con los muy pocos y muy dispersos. La influencia de los tales tiende a derribar y dispersar lo que edifican los siervos de Dios. Los espíritus inquietos que desean constantemente ver y creer algo nuevo surgen de continuo, algunos en un lugar y otros en otro, haciendo todos una obra especial por el enemigo y, sin embargo, pretendiendo tener la verdad. Se destacan como separados del pueblo a quien Dios está conduciendo y prosperando, y por medio de quien él va a hacer su gran obra. Expresan constantemente sus temores de que el cuerpo de los observadores del sábado se está volviendo como el mundo; pero apenas habrá dos de estas personas que concuerden en sus opiniones. Están dispersas y confusas, y sin embargo, se engañan hasta el punto de creer que Dios las acompaña en forma especial. Algunas de ellas profesan tener entre sí los dones; pero por la influencia y enseñanza de estos dones son inducidas a dudar de aquellos a quienes Dios ha impuesto la carga especial de su obra, y a desviar del cuerpo a una clase de personas. Los que, de acuerdo con la Palabra de Dios están haciendo todo esfuerzo para unirse, que están establecidos en el mensaje del tercer ángel, son considerados sospechosos, por la razón de que están extendiendo sus labores y ganando almas para la verdad. Se los considera mundanos porque ejercen influencia sobre el mundo y porque sus actos atestiguan que esperan que Dios haga todavía una obra grande y especial en la tierra para sacar un pueblo y prepararlo para la aparición de Cristo. {1JT 166.3}

Esta clase de personas no sabe realmente lo que cree, ni las razones de su creencia. Nunca aprenden y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. Se levanta un hombre con opiniones extraviadas y erróneas, y asevera que Dios le ha enviado con una luz nueva y gloriosa, y que todos deben creer lo que predica. Algunos que no tienen fe establecida, que no están sujetos al cuerpo, sino que andan al garete sin ancla que los retenga, reciben ese viento de doctrina. La luz de aquel hombre resplandece de tal manera que induce al mundo a apartarse de él con disgusto y aborrecimiento. Entonces se coloca con espíritu blasfemo al lado de Cristo, y asevera que el mundo le aborrece por la misma razón que aborreció a Cristo. {1JT 167.1}

Se levanta otro aseverando ser conducido por Dios, y presenta la doctrina de que los impíos no resucitarán, herejía que es una de las obras maestras del engaño satánico. Otro alberga opiniones erróneas acerca de la edad futura. Otro insiste celosamente en que se adopte el traje americano [moda extravagante que se procuraba implantar entonces en los Estados Unidos]. Todos quieren plena libertad religiosa y cada uno actúa independientemente de los demás, y sin embargo aseveran que Dios obra especialmente entre ellos. {1JT 167.2}

 

Caudillos presuntuosos

 

Algunos se regocijan de que tienen los dones que otros no tienen. Dios quiera librar a su pueblo de tales dones. ¿Qué hacen estos dones por ellos? ¿Se unen en la fe por el ejercicio de estos dones? ¿Y convencen acaso al incrédulo de que Dios está en verdad con ellos? Cuando estos seres discordantes, que sostienen sus diferentes opiniones, se reúnen y manifiestan considerable excitación y se expresan en lengua desconocida, dejan brillar de tal manera su luz que los incrédulos dirían: “Esta gente no es cuerda; está arrebatada por una falsa excitación, y sabemos que no tiene la verdad.” Los tales estorban directamente el camino de los pecadores; su influencia tiende a impedir a otros que acepten el sábado. Los tales serán recompensados según sus obras. ¡Ojalá que se reformen o renuncien al sábado! En tal caso no estorbarían el camino de los incrédulos. {1JT 168.1}

Dios ha conducido a hombres que han trabajado durante años, que han estado dispuestos a hacer cualquier sacrificio, que han sufrido privaciones y soportado pruebas para presentar la verdad al mundo, y por su conducta consecuente han eliminado el oprobio que los fanáticos impusieron a la causa de Dios. Han hallado oposición de toda clase. Han luchado noche y día en busca de las evidencias de nuestra fe, para poder presentar la verdad con claridad, en forma bien eslabonada, a fin de que pudiesen resistir toda oposición. La labor incesante y las pruebas mentales relacionadas con esta gran obra han agobiado más de una constitución y encanecido prematuramente las cabezas. No se han gastado en vano. Dios ha notado sus oraciones fervientes acompañadas de lágrimas de agonía, en que se pedía luz y verdad y que ésta resplandeciese con claridad delante de los demás. Ha notado sus esfuerzos abnegados y los recompensará según sus obras. {1JT 168.2}

Por otro lado, los que no han luchado para destacar estas verdades preciosas se han levantado y han recibido algunas doctrinas, ya elaboradas, como la verdad del sábado, y luego toda la gratitud que sienten por lo que no les ha costado nada a ellos, pero mucho a otros, la manifiestan levantándose como Coré, Datán y Abiram y arrojando oprobio sobre aquellos a quienes Dios impuso la carga de su obra. Y dicen: “Básteos, porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová.” Números 16:3. Desconocen la gratitud. Poseen un espíritu terco, que no cede a la razón, y que los llevará a su propia destrucción. {1JT 169.1}

Dios ha bendecido a sus hijos que han avanzado, siguiendo las oportunidades de su providencia. Ha sacado un pueblo de todas las clases para colocarlo sobre la gran plataforma de la verdad. Los incrédulos han quedado convencidos de que Dios estaba con su pueblo, y han humillado su corazón para obedecer a la verdad. La obra de Dios sigue constantemente hacia adelante. Sin embargo, a pesar de todas las evidencias de que Dios ha estado conduciendo al cuerpo, hay y continuará habiendo quienes, profesando creer en la verdad del sábado, actuarán en forma independiente del cuerpo, y creerán y obrarán como se les antoje. Sus opiniones están confusas. Su dispersión es un testimonio permanente de que Dios no está con ellos. El mundo coloca el sábado y los errores de los tales a un mismo nivel y los desecha juntamente. {1JT 169.2}

 

Esto desagrada a Dios

 

Dios está airado con los que siguen una conducta que nos hace odiar por el mundo. Si a un creyente se le odia por sus buenas obras y por seguir a Cristo, tendrá recompensa. Pero si se le odia porque no se conduce en forma que inspire amor, o por sus modales incultos, porque hace de la verdad un motivo de disputa con sus vecinos y hace del sábado una molestia para ellos, es una piedra de tropiezo para los pecadores, un oprobio para la verdad sagrada, y a menos que se arrepienta, sería mejor que se atase una piedra de molino al cuello y se arrojase al mar. {1JT 169.3}

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Hay en la naturaleza humana una tendencia a ir a los extremos, y de un extremo a otro completamente opuesto. Muchos son fanáticos. Los consume un ardiente celo que toman equivocadamente por religión; pero el carácter es la verdadera prueba del discipulado. ¿Tienen la mansedumbre de Cristo? ¿Tienen su humildad y dulce benevolencia? ¿Han despojado el centro de su alma del orgullo, la arrogancia, el egoísmo y la censura? Si no lo han hecho, no saben de qué espíritu están animados. No comprenden que el verdadero cristianismo consiste en llevar mucho fruto para la gloria de Dios. {1JT 170.1}

Otros van a un extremo en su conformidad con el mundo. No hay una línea de separación clara y distinta entre ellos y los mundanos. Si en un caso los hombres son ahuyentados de la verdad por un espíritu de censura duro y condenatorio, en este otro se ven inducidos a concluir que el cristiano profeso carece de principios, y no conoce cambio de corazón o de carácter. “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16), son las palabras de Cristo.* {1JT 170.2}

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El Señor requiere que su pueblo emplee su razón y no la ponga a un lado en favor de las impresiones. Su obra será inteligible para todos sus hijos. Su enseñanza será tal que se recomiende al entendimiento de los espíritus inteligentes. Está calculada para elevar la mente. El poder de Dios no se manifiesta en toda ocasión. La necesidad del hombre es la oportunidad de Dios.* {1JT 170.3}

Cuando los que han presenciado y experimentado falsas manifestaciones quedan convencidos de su equivocación, Satanás saca ventaja de su error, y se lo recuerda constantemente, para inspirarles temor a toda manifestación espiritual; y de esta manera procura destruir su fe en la verdadera piedad. Debido a que estuvieron una vez engañados, temen hacer cualquier esfuerzo por medio de la oración ferviente a Dios en busca de ayuda especial y victoria. Los tales no deben permitir que Satanás consiga su objeto y los arroje en el frío formalismo e incredulidad. Deben recordar que el fundamento de Dios permanece firme. Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso. Su única seguridad consiste en asentar los pies en la plataforma firme; en ver y comprender el mensaje del tercer ángel, en apreciar, amar y obedecer la verdad.* {1JT 171.1}

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