Hacer lo correcto en los negocios, no sólo en la iglesia

2

Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. Mateo 7:12.

Los que temen verdaderamente a Dios preferirán trabajar día y noche, y comer el pan en la pobreza, antes que satisfacer un afán de ganancias que oprimiría a la viuda y al huérfano, o despojaría al extraño de su derecho. Nuestro Salvador intentó grabar en sus oyentes la idea de que la persona que se atreve a defraudar a su prójimo en las cosas más pequeñas, lo defraudaría, si se presentara la oportunidad, en cosas mayores. El menor desvío de la rectitud quebranta las barreras y prepara el corazón para cometer mayores injusticias. Por precepto y por ejemplo, Cristo enseñó que la más estricta integridad debe gobernar las acciones que ejecutamos al relacionarnos con nuestros semejantes. Dijo el divino Maestro: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”.

En la medida en que alguien esté dispuesto a sacar ventajas para sí de las desventajas de otro, su alma se vuelve insensible a la influencia del Espíritu de Dios. La ganancia obtenida a un costo tal es una terrible pérdida. Es mejor pasar necesidad que mentir; mejor pasar hambre que estafar; mejor morir que pecar. La extravagancia, la extralimitación, la extorsión, fomentadas por los que profesan piedad, están corrompiendo su fe y destruyendo su espiritualidad. La iglesia es en gran medida responsable por los pecados cometidos por sus miembros. Presta apoyo al mal si no alza su voz contra él. La influencia que la iglesia debe temer más no es la de los opositores abiertos, ateos y blasfemos, sino la de los que profesan ser cristianos y son inconsistentes. Éstos son los únicos que retienen las bendiciones del Dios de Israel…

El mundo de los negocios no yace afuera de los límites del gobierno de Dios.

La religión verdadera no consiste meramente en hacer alarde de ostentación el sábado y exhibirse en la iglesia; es para cada día y para cada lugar. Sus demandas deben ser reconocidas y obedecidas en cada acto de la vida. Los que posean el artículo legítimo mostrarán en todos sus asuntos de negocios una percepción tan clara de lo correcto como cuando ofrecen sus súplicas ante el trono de la gracia.—The Southern Watchman, 10 de mayo de 1904.

www.RemanenteAdventista.com

Comentarios

Comentarios

También podría gustarte Más del autor

Deja un comentario