La batalla es de Dios

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2 Crónicas 20:1-30.

¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos. 2 Crónicas 20:12.

Hacia el final del reinado de Josafat, el reino de Judá fue invadido por un ejército ante cuyo avance los habitantes de la tierra tenían motivo para temblar…

Josafat era hombre de valor. Durante años había fortalecido sus ejércitos y sus ciudades. Estaba bien preparado para arrostrar casi cualquier enemigo; sin embargo en esta crisis no confió en los brazos carnales. No era mediante ejércitos disciplinados ni ciudades amuralladas, sino por una fe viva en el Dios de Israel, como podía esperar la victoria sobre estos paganos que se jactaban de poder humillar a Judá a la vista de las naciones.

“Entonces él tuvo temor; y puso Josafat su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. Y juntáronse los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir a Jehová”. De pie en el atrio del templo frente al pueblo, Josafat derramó su alma en oración, invocando las promesas de Dios y confesando la incapacidad de Israel…

Con confianza, podía Josafat decir al Señor: “A ti volvemos nuestros ojos”.

Durante años había enseñado al pueblo a confiar en aquel que en siglos pasados había intervenido tan a menudo para salvar a sus escogidos de la destrucción completa; y ahora, cuando peligraba el reino, Josafat no estaba solo. “Todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños, y sus mujeres, y sus hijos”.

Unidos, ayunaron y oraron; unidos, suplicaron al Señor que confundiese a sus enemigos, a fin de que el nombre de Jehová fuese glorificado…

Dios fue la fortaleza de Judá en esta crisis, y es hoy la fortaleza de su pueblo.

No hemos de confiar en príncipes, ni poner a los hombres en lugar de Dios.

Debemos recordar que los seres humanos son sujetos a errar, y que Aquel que tiene todo el poder es nuestra fuerte torre de defensa. En toda emergencia, debemos reconocer que la batalla es suya. Sus recursos son ilimitados, y las imposibilidades aparentes harán tanto mayor la victoria. La Historia de Profetas y Reyes, 146-148, 150.

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