La debida observancia del sábado | Joyas de los Testimonios 1

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La debida observancia del sábado | Joyas de los Testimonios 1


 El 25 de diciembre de 1865 se me indicó que se ha observado el sábado con demasiada negligencia. No ha habido prontitud para cumplir los deberes regulares durante los seis días de trabajo que Dios ha dado al hombre, ni cuidado para no usurpar una hora del tiempo santo y sagrado que él se ha reservado. No hay negocios humanos que deban ser considerados de suficiente importancia para hacerle a uno transgredir el cuarto precepto de Jehová. {1JT 174.1}

Hay casos en los cuales Cristo mismo ha dado permiso para trabajar aun en el sábado, como cuando se trata de salvar la vida de hombres o de animales. Pero si violamos la letra del cuarto mandamiento para beneficiarnos desde un punto de vista pecuniario, llegamos a ser violadores del sábado y somos culpables de transgredir todos los mandamientos; porque si ofendemos en un punto somos culpables en todos. {1JT 174.2}

Si, a fin de ahorrar nuestros bienes, violamos el mandamiento expreso de Jehová, ¿dónde nos detendremos? ¿Dónde fijaremos los límites? Si transgredimos en un asunto pequeño, y lo consideramos como si no fuese pecado particular de nuestra parte, la conciencia se endurece, las sensibilidades se embotan, a tal punto que podemos ir más lejos, y realizar bastante trabajo y seguir lisonjeándonos de ser observadores del sábado cuando, según la norma de Cristo, estamos violando cada uno de los santos preceptos de Dios. Los observadores del sábado están en falta al respecto; pero Dios es muy escrupuloso, y todos los que sientan que están ahorrando un poco de tiempo, u obteniendo ventajas por usurpar un poco del tiempo del Señor, tarde o temprano sufrirán una pérdida. El no los puede bendecir como le agradaría hacerlo, porque su nombre es deshonrado por ellos, y sus preceptos menospreciados. La maldición de Dios recae sobre ellos y perderán diez o veinte veces más de lo que ganan. “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado.”Malaquías 3:8. {1JT 174.3}

Dios dió al hombre seis días en los cuales trabajar para sí, pero se reservó un día en el cual se le ha de honrar especialmente. Debemos glorificarle y respetar su autoridad. Y sin embargo el hombre roba a Dios apropiándose de un poco del tiempo que el Creador reservó para sí. Dios puso aparte el séptimo día como período de descanso para el hombre, para bien del hombre tanto como para su propia gloria. Vió que las necesidades del hombre requerían que durante un día descansase del trabajo y cuidado, que su salud y vida peligrarían sin un período de reposo del trabajo y ansiedad de los seis días. {1JT 175.1}

El sábado fué hecho para beneficio del hombre; y transgredir a sabiendas el santo mandamiento que prohibe trabajar en el séptimo día es, a la vista del cielo, un crimen considerado de tal magnitud bajo la ley mosaica, que exigía la muerte del que lo cometiera. Pero esto no era todo lo que el delincuente había de sufrir, porque Dios no llevará al cielo a un transgresor de su ley. Deberá sufrir la segunda muerte, que es la penalidad plena y final a que se hace acreedor el transgresor de la ley de Dios. {1JT 175.2}

Los seguros de vida*

Se me mostró que los adventistas observadores del sábado no deben tomar parte en los negocios relacionados con los seguros de vida. Es un comercio con el mundo que Dios no aprueba. Los que participan en esta empresa se unen con el mundo, mientras que Dios invita a su pueblo a salir de él y a mantenerse separado. Dijo el ángel: “Cristo os compró con el sacrificio de su vida.” ‘¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros? Porque comprados sois por precio: glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.’ ‘Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.’ Tal es el único seguro de vida que el Cielo sanciona. {1JT 176.1}

El tomar un seguro de vida constituye una conducta mundana que induce a nuestros hermanos que la siguen a apartarse de la sencillez y pureza del Evangelio. Toda desviación tal debilita nuestra fe y reduce nuestra espiritualidad. Dijo el ángel: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.” Pertenecemos al Señor en un sentido especial. Cristo nos ha comprado. Nos rodean ángeles poderosos. No cae al suelo un solo pajarillo sin que lo note nuestro Padre celestial. Aun nuestros cabellos están contados. Dios ha provisto para sus hijos. Los cuida en forma especial, y no deben desconfiar de su providencia siguiendo una conducta mundanal. {1JT 176.2}

Dios quiere que conservemos con sencillez y santidad nuestro carácter peculiar como pueblo. Los que siguen ese mundano curso de acción, invierten recursos que pertenecen a Dios, y que él les ha confiado para que los usen en su causa a fin de hacer progresar su obra. Muy pocos serán los que obtengan ganancias del seguro de vida, y sin la bendición de Dios aun estas utilidades resultarán un perjuicio en vez de un beneficio. Aquellos a quienes Dios ha hecho sus mayordomos no tienen derecho de colocar en las filas del enemigo los recursos que él les ha confiado para que los usen en su causa. {1JT 176.3}

Satanás está presentando constantemente incentivos al pueblo escogido de Dios para desviar su atención de la obra solemne de prepararse para las escenas que le esperan en el futuro cercano. El es, en todo sentido de la palabra, un engañador, un hábil seductor. Cubre sus planes y trampas con mantos de luz sacados del cielo. Tentó a Eva a comer de la fruta prohibida, haciéndole creer que con ello obtendría grandes ventajas. Satanás induce a sus agentes a introducir varios inventos y derechos de patentes y otras empresas a fin de que los adventistas observadores del sábado, que tienen prisa para hacerse ricos, caigan en la tentación, queden entrampados, y atraigan sobre sí muchos pesares. El está muy despierto, y se dedica activamente a llevar cautivo al mundo, y por intermedio de los mundanos crea continuamente un entusiasmo agradable, para inducir a los incautos que profesan creer la verdad, a que se unan con los mundanos. La concupiscencia de los ojos, el deseo de excitación y diversión agradable, es una tentación y una trampa para el pueblo de Dios. Satanás tiene muchas redes peligrosas de fina trama, que parecen inocentes, pero con las cuales se prepara hábilmente para engañar al pueblo de Dios. Hay espectáculos agradables, entretenimientos, discursos sobre frenología, y una inacabable variedad de empresas destinadas a desviar al pueblo de Dios, para que ame al mundo y las cosas que están en él. Mediante esta unión con el mundo, se debilita la fe, y los recursos que debieran invertirse en la causa de la verdad presente quedan transferidos a las filas del enemigo. Por medio de estos diferentes recursos, Satanás vacía constantemente los bolsillos de los hijos de Dios, y a causa de esto pesa sobre ellos el desagrado del Señor. {1JT 177.1}

La salud y la religión*

Hay personas de imaginación enfermiza para quienes la religión es un tirano, que las gobierna con vara de hierro. Las tales lamentan constantemente su propia depravación, y gimen por males supuestos. No existe amor en su corazón; su rostro es siempre ceñudo. Las deja heladas la risa inocente de la juventud o de cualquiera. Consideran como pecado toda recreación o diversión, y creen que la mente debe estar constantemente dominada por pensamientos austeros. Este es un extremo. Otros piensan que la mente debe dedicarse constantemente a inventar nuevas diversiones a fin de tener salud. Aprenden a depender de la excitación, y se sienten intranquilos sin ella. Los tales no son verdaderos cristianos. Van a otro extremo. {1JT 178.1}

Los verdaderos principos del cristianismo abren ante nosotros una fuente de felicidad, cuya altura, profundidad, longitud y anchura son inconmensurables. Cristo es en nosotros una fuente de agua que brota para vida eterna. Es un manantial inagotable del cual el cristiano puede beber a voluntad, sin apurarlo nunca. {1JT 178.2}

Lo que comunica a casi todos enfermedades del cuerpo y de la mente, son los sentimientos de descontento y los anhelos insatisfechos. No tienen a Dios, ni la esperanza que llega hasta dentro del velo, que es para el alma un ancla segura y firme. Todos los que poseen esta esperanza se purifican como él es puro. Los tales estarán libres de inquietudes y descontento; no estarán buscando males continuamente ni acongojándose por dificultades prestadas. Pero vemos a muchos sufrir dificultades de antemano; la ansiedad está estampada en todas sus facciones; no parecen hallar consuelo, sino que de continuo esperan algún mal terrible. {1JT 178.3}

Los tales deshonran a Dios y desprestigian la religión de Cristo. No tienen verdadero amor hacia Dios, ni hacia sus compañeros e hijos. Sus afectos se han vuelto mórbidos. Pero las vanas diversiones no corregirán nunca el espíritu de los tales. Necesitan la influencia transformadora del Espíritu de Dios para ser felices. {1JT 178.4}

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La simpatía que existe entre el espíritu y el cuerpo es muy grande. Cuando uno está afectado, el otro responde. La condición de la mente tiene mucho que ver con la salud del organismo. Si el espíritu está libre y feliz, con la conciencia de que hace lo recto y con la satisfacción de proporcionar felicidad a los demás, nacerá una alegría que reaccionará sobre todo el organismo, induciendo a la sangre a circular más libremente y a tonificar todo el cuerpo. La bendición de Dios es sanadora; y los que benefician abundantemente a los demás sentirán en su corazón y vida esa bendición prodigiosa.* {1JT 179.1}

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La religión de la Biblia no obra en detrimento de la salud del cuerpo ni de la mente. La influencia del Espíritu de Dios es la mejor medicina que pueda recibir un ser humano enfermo. El cielo es todo salud; y cuanto más hondamente se sientan las influencias celestiales, tanto más seguro será el restablecimiento del inválido creyente.* {1JT 179.2}

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La carga del pecado, con su inquietud y deseos insatisfechos, es el fundamento de una gran parte de las enfermedades que sufre el pecador. Cristo es el poderoso Médico del alma enferma de pecado. Estos pobres seres afligidos necesitan un conocimiento más claro de Aquel que es, cuando se lo conoce correctamente, la vida eterna. Necesitan que se les enseñe con paciencia, bondad y fervor, a abrir de par en par las ventanas del alma y dejar entrar la luz del amor de Dios para que ilumine las cámaras obscuras de la mente.* {1JT 179.3}

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