La muerte de Esteban | La Historia de la Redención

11

La muerte de Esteban | La Historia de la Redención


 Este capítulo está basado en Hechos 6:8 a 7:60.

Esteban era muy activo en la causa de Dios y compartía su fe valerosamente. “Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Sirene, de Alejandría, de Silicia y de Asia, disputando con Esteban. Pero no podían resistir a la sabiduría y al espíritu con que hablaba”. Estos discípulos de los grandes rabinos confiaban en que en un debate público podrían obtener una victoria completa sobre Esteban basándose en su supuesta ignorancia. Pero no solamente hablaba éste con el poder del Espíritu Santo, sino que resultó evidente para toda esa vasta asamblea que también era un estudioso de las profecías y versado en todos los asuntos relativos a la ley. Defendió con capacidad las verdades que profesaba, y derrotó totalmente a sus oponentes. {HR 273.1}

Los sacerdotes y gobernantes que fueron testigos de la maravillosa manifestación de poder que acompañaba el ministerio de Esteban se llenaron de amargo odio. En lugar de ceder al peso de la evidencia que él presentaba, decidieron silenciar su voz dándole muerte. {HR 273.2}

Por lo tanto prendieron a Esteban y lo hicieron comparecer delante del Sanedrín para someterlo a juicio. {HR 273.3}

Se convocó a eruditos judíos de los países circunvecinos con el propósito de que refutaran los argumentos del acusado. Saulo, que se había distinguido como celoso oponente de la doctrina de Cristo y perseguidor de todos los que creían en él, también se hallaba presente. Este erudito se puso en contra de Esteban en forma destacada. Empleó todo el peso de la elocuencia y la lógica de los rabinos en este caso, para convencer a la gente de que Esteban predicaba doctrinas engañosas y peligrosas. {HR 274.1}

Pero Saulo encontró en Esteban a alguien tan educado como él mismo, y que tenía una plena comprensión de los propósitos de Dios al diseminar el Evangelio por todas las naciones. Creía en el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob, y estaba sumamente bien fundado con respecto a los privilegios de los judíos; pero su fe era más amplia, y sabía que había llegado el tiempo cuando los verdaderos creyentes adorarían no sólo en templos hechos por manos de hombres, sino en todo el mundo los hombres podrían adorar a Dios en espíritu y en verdad. Había caído la venda de los ojos de Esteban, y percibía el propósito por el cual tantas cosas habían sido abolidas con la muerte de Cristo. {HR 274.2}

Los sacerdotes y gobernantes no podían prevalecer contra esta nítida y tranquila sabiduría, aunque eran vehementes en su oposición. Se decidieron emplear a Esteban para hacer un escarmiento, y mientras de ese modo satisfacían su odio vengativo, impedían que otros, por temor, adoptaran sus creencias. Se lanzaron cargos contra él en forma impresionante. Contrataron testigos falsos para que dijeran que lo habían oído pronunciar palabras blasfemas contra el templo y la ley. Dijeron: “Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés”. Mientras Esteban permanecía frente a sus jueces para responder por el delito de blasfemia, un santo resplandor irradió de su rostro. “Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel”. Muchos de los que vieron el rostro resplandeciente de Esteban temblaron y se cubrieron, pero la persistente incredulidad y el prejuicio no vacilaron. {HR 274.3}

 

La defensa de Esteban

 

Se interrogó a Esteban en cuanto a la verdad de los cargos que se le hacían, y él asumió su defensa con voz clara y conmovedora que resonó por todo el recinto del concilio. Procedió a repasar la historia del pueblo elegido de Dios con palabras qué mantuvieron en suspenso a la audiencia. Puso en evidencia un conocimiento cabal de todo lo relativo al pueblo judío, y de la interpretación espiritual de ello puesta de manifiesto por Cristo. Comenzó con Abrahán y procedió a repasar la historia de generación en generación, recorriendo todos los anales de la nación desde Israel hasta Salomón, y recurriendo a sus aspectos más impresionantes para vindicar su causa. {HR 275.1}

Aclaró su propia lealtad a Dios y a la fe judaica, mientras ponía de manifiesto que la ley en la cual confiaban para salvación no había sido capaz de salvar a Israel de la idolatría. Relacionó a Jesucristo con toda la historia judaica. Se refirió a la construcción del templo de Salomón con las palabras de este rey y de Isaías: “Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano”. “El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificareis? dice el Señor; ¿o cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?” El lugar más elevado para el culto de Dios está en el cielo. {HR 275.2}

Cuando Esteban llegó a este punto hubo un tumulto entre la gente. El prisionero leyó su destino en los rostros que tenía ante sí. Se dio cuenta de la oposición que habían encontrado sus palabras, pronunciadas bajo el impulso del Espíritu Santo. Supo que estaba dando su último testimonio. Pocos de los que leen este discurso de Esteban lo aprecian adecuadamente. La ocasión, el momento y el lugar debieran tenerse presentes, para que las palabras adquieran su pleno significado. {HR 276.1}

Cuando relacionó a Jesucristo con las profecías y habló del templo como lo hizo, el sacerdote, simulando caer presa del horror, rasgó sus vestiduras. Este acto fue para Esteban la señal de que su voz pronto sería silenciada para siempre. Aunque se hallaba en la mitad de su sermón, lo terminó abruptamente apartándose en forma repentina de la cadena histórica, y dirigiéndose a sus jueces enfurecidos les dijo: “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis”. {HR 276.2}

 

La muerte de un mártir

 

Al llegar a este punto los sacerdotes y los gobernantes estaban fuera de sí por causa de su ira. Se parecían más a bestias feroces que a seres humanos. Se abalanzaron sobre Esteban en medio de un crujir de dientes. Pero no lo intimidaron; él esperaba esto. Su rostro estaba sereno y resplandeció con una luz angelical. Los furiosos sacerdotes y la multitud enardecida no lo asustaban. “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios”. {HR 276.3}

La escena que lo rodeaba desapareció de su vista; los portales del cielo se abrieron de par en par y Esteban, al contemplar en su interior, vio la gloria de la corte de Dios y a Cristo, como si acabara de levantarse de su trono, que estaba de pie listo para sostener a su siervo que estaba a punto de sufrir el martirio por su nombre. Cuando Esteban describió en alta voz la gloriosa escena que se extendía ante él, sus perseguidores llegaron a la conclusión de que era mucho más de lo que podían soportar. Se taparon los oídos para no escuchar sus palabras, y profiriendo agudos gritos corrieron furiosamente al unísono. “Y apedrearon a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió”. {HR 277.1}

En medio de las agonías de una muerte tan cruel el fiel mártir, como su divino Maestro, oró por sus asesinos. Se pidió a los testigos que habían acusado a Esteban que lanzaran las primeras piedras. Estos hombres pusieron sus ropas a los pies de Saulo, que había tomado parte activa en el debate y que había consentido en la muerte del prisionero. {HR 277.2}

El martirio de Esteban causó una profunda impresión en todos los que fueron testigos del hecho. Significó una dura prueba para la iglesia, pero dio como resultado la conversión de Saulo. La fe, la constancia y la glorificación del mártir no pudieron desaparecer de su memoria. El sello de Dios estampado en su rostro, sus palabras, que alcanzaron a cada alma de todos los que lo escucharon, excepto de los que se endurecieron por resistir la luz, permanecieron en la memoria de los presentes y dieron testimonio de la verdad de lo que él había proclamado. {HR 277.3}

No se pronunció sentencia legal en el caso de Esteban, pero las autoridades romanas recibieron grandes sumas de dinero para no investigar el caso. Saulo parecía imbuido de un celo frenético en ocasión del juicio y la muerte de Esteban. Parecía enfurecido por su secreta convicción de que Esteban había sido honrado por Dios en el mismo momento cuando los hombres lo deshonraban. {HR 278.1}

Continuó persiguiendo a la iglesia de Dios, lanzando cacerías contra sus miembros, prendiéndolos en las casas y entregándolos a los sacerdotes y gobernantes para que los encerraran en la cárcel y les dieran muerte. El celo con que lanzó esta persecución constituyó un terror para los cristianos de Jerusalén. Las autoridades romanas no hicieron esfuerzos especiales para detener esta cruel obra y, por el contrario, en secreto ayudaron a los judíos con el fin de reconciliarse con ellos y asegurarse sus favores. {HR 278.2}

El erudito Saulo fue un instrumento poderoso en manos de Satanás para llevar adelante su rebelión contra el Hijo de Dios; pero Alguien más poderoso que Satanás había seleccionado a Saulo para que ocupara el lugar del mártir Esteban y trabajara y sufriera por su nombre. Saulo era muy estimado por los judíos tanto por su erudición como por su celo para perseguir a los creyentes. No fue miembro del Sanedrín hasta después de la muerte de Esteban, cuando se lo eligió para ocupar un lugar en ese cuerpo teniendo en cuenta la parte que había desempeñado en esa oportunidad. {HR 278.3}

Comentarios

Comentarios

También podría gustarte Más del autor

Deja un comentario