La primera venida de Cristo | La Historia de la Redención

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La primera venida de Cristo | La Historia de la Redención


 Se me llevó a la época cuando Jesús iba a tomar naturaleza humana, humillarse como hombre y soportar las tentaciones de Satanás. {HR 201.1}

Su nacimiento careció de grandeza mundanal. Nació en un establo y su cuna fue un pesebre; no obstante, su nacimiento fue honrado más que el de cualquiera de los hijos de los hombres. Los ángeles del cielo dieron información a los pastores acerca del advenimiento de Jesús, y la luz y la gloria de Dios acompañaron su testimonio. Las huestes celestiales pulsaron sus arpas y glorificaron al Señor. Anunciaron con tono de triunfo el advenimiento del Hijo de Dios a un mundo caído para llevar a cabo la obra de la redención, y brindar mediante su muerte felicidad y vida eterna al hombre. El Altísimo honró la venida de su Hijo. Los ángeles lo adoraron. {HR 201.2}

 

El bautismo de Jesús

 

Los ángeles de Dios acudieron al lugar de su bautismo, el Espíritu Santo descendió en forma de paloma y reposó sobre él, y mientras la gente permanecía presa de gran asombro, con los ojos fijos en él, se oyó la voz del Padre, procedente del cielo, que decía: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”. {HR 201.3}

Juan no estaba seguro de que fuera el Salvador el que había venido a ser bautizado por él en el Jordán. Pero Dios había prometido darle una señal por medio de la cual podría saber quién era el Cordero de Dios. Esa señal se cumplió cuando la paloma celestial reposó sobre Jesús y la gloria de Dios resplandeció a su alrededor. Juan alzó la mano y señalando al Señor clamó con fuerte voz: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29. {HR 201.4}

 

El ministerio de Juan

 

Juan informó a sus discípulos que Jesús era el prometido Mesías, el Salvador del mundo. Cuando su obra estaba por concluir, les enseñó a dirigir su mirada hacia él y a seguirlo como el gran Maestro. La vida de Juan estuvo llena de pesar y abnegación. Anunció el primer advenimiento de Cristo pero no se le permitió ser testigo de sus milagros y disfrutar del poder que manifestaba. Cuando Jesús comenzó a presentarse como Maestro, Juan se dio cuenta de que tenía que morir. Rara vez se oía su voz, salvo en el desierto. Su vida fue solitaria. No se aferró a la familia de su padre para gozar de su sociabilidad, sino que los dejó para cumplir su misión. Multitudes abandonaban sus atareadas ciudades y aldeas y se reunían en el desierto para escuchar las palabras de ese maravilloso profeta. Juan hincó el hacha en la raíz del árbol. Reprobó el pecado sin tomar en cuenta las consecuencias, y preparó el camino para el Cordero de Dios. {HR 202.1}

Herodes se sintió impresionado al escuchar los testimonios poderosos y certeros de Juan, y con profundo interés preguntó qué debía hacer para ser su discípulo. Este estaba al tanto del hecho de que el rey quería casarse con la mujer de su hermano, mientras aquél todavía vivía, y con fidelidad le dijo que eso no era correcto. Pero Herodes no estaba dispuesto a hacer sacrificios. Se casó con la mujer de su hermano, y como resultado de la influencia de ésta prendió a Juan y lo puso en la cárcel, con la intención, sin embargo, de soltarlo después. Mientras se hallaba allí confinado, se enteró por medio de sus discípulos de las poderosas obras de Jesús. No podía escuchar sus palabras llenas de gracia, pero los discípulos le informaron y lo consolaron con lo que habían oído. Pronto Juan fue decapitado como resultado de la influencia de la mujer de Herodes. Vi que los más humildes discípulos que siguieron a Jesús y fueron testigos de sus milagros y escucharon las consoladoras palabras que brotaban de sus labios, fueron mayores que Juan el Bautista, es decir fueron más exaltados y honrados, y derivaron mayor placer de la vida. {HR 202.2}

Juan vino con el espíritu y el poder de Elías para proclamar el primer advenimiento de Jesús. Se me señalaron los últimos días y vi que Juan representa a los que saldrán con el espíritu y el poder de Elías para anunciar el día de la ira y la segunda venida de Jesús. {HR 203.1}

 

La tentación

 

Después del bautismo de Jesús en el Jordán, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. El Espíritu Santo lo preparó para la experiencia especial de esas fieras tentaciones. Durante cuarenta días fue tentado por Satanás, y en su transcurso no comió nada. Todo lo que había a su alrededor era desagradable, tendiente a quebrantar la naturaleza humana. Estaba rodeado por bestias feroces y por el diablo, en un lugar desolado y solitario. El Hijo de Dios estaba pálido y exhausto por causa del ayuno y el sufrimiento. Pero su camino estaba trazado, y debía cumplir la tarea que había venido a realizar. {HR 203.2}

Satanás se aprovechó de los sufrimientos del Hijo de Dios y se preparó para asediarlo con diversas tentaciones, con la esperanza de vencerlo ya que se había humillado y se había hecho hombre. El enemigo apareció con esta tentación: “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan”. Tentó a Jesús a que aceptara dar pruebas de su carácter mesiánico por medio del ejercicio de su poder divino. Jesús le contestó con mansedumbre: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios”. Lucas 4:3, 4. {HR 204.1}

Satanás trataba de disputar con Jesús con respecto a su condición de Hijo de Dios. Se refirió a su debilidad y a sus sufrimientos, y con fanfarronería afirmó que era más fuerte que Cristo. Pero las palabras procedentes del cielo: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lucas 3:22), fueron suficientes para sostener a Jesús durante todos sus sufrimientos. Vi que Cristo no tenía por qué convencer a Satanás de su poder y del hecho de que era el Salvador del mundo. Este disponía de suficiente evidencia de la exaltada posición y la autoridad del Hijo de Dios. Su indisposición para someterse a la autoridad de Cristo le había cerrado las puertas del cielo. {HR 204.2}

El enemigo, para manifestar su poder, llevó a Jesús a Jerusalén y lo ubicó sobre uno de los pináculos del templo, y allí lo tentó a que diera evidencia de que era Hijo de Dios arrojándose desde esa altura vertiginosa. El adversario pronunció estas palabras de la inspiración: “Porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden; y, en las manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra”. Jesús le respondió diciendo: “Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios”. Lucas 4:10-12. Satanás quería que Jesús se envalentonara con las misericordias de su Padre y que arriesgara su vida antes de cumplir su misión. Esperaba de ese modo que el plan de salvación fracasara; pero éste tenían fundamentos demasiado profundos para que el enemigo lo pudiera derribar o malograr. {HR 204.3}

Cristo es un ejemplo para todos los cristianos. Cuando se los tiente o se discutan sus derechos, deben soportar todo con paciencia. No deben creer que tienen derecho a invocar al Señor para que manifieste su poder con el fin de lograr la victoria sobre sus enemigos, a menos que de esa manera se honre y se glorifique directamente a Dios. Si Jesús se hubiera arrojado desde el pináculo del templo, no habría glorificado a su Padre, porque nadie hubiera sido testigo de ese acto sino sólo Satanás y los ángeles de Dios. Y habría sido tentar a Dios manifestar su poder frente a su más acerbo enemigo. Habría significado ceder ante aquel a quien había venido a vencer. {HR 205.1}

“Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero se la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás”. Lucas 4:5-8. {HR 205.2}

Satanás presentó a Jesús los reinos de la tierra en su aspecto más atractivo. Si Jesús hubiera estado dispuesto a adorarlo, él se habría ofrecido a renunciar a sus pretensiones de poseer la tierra. Pero si el plan de salvación se cumplía plenamente y Jesús moría para redimir al hombre, Satanás sabía que su propio poder se reduciría, finalmente le sería arrebatado y sería destruido. Por lo tanto era su plan bien estudiado impedir, dentro de lo posible, el cumplimiento de esta gran obra que había sido comenzada por el Hijo de Dios. Si el plan para redimir al hombre fracasara, Satanás podría conservar el reino que en aquel entonces reclamaba. Y si lograba buen éxito, se alababa a sí mismo pensando que reinaría en oposición al Dios del cielo. {HR 205.3}

 

Se reprende al tentador

 

Satanás se regocijó cuando Jesús puso a un lado su poder y su gloria y dejó el cielo. Creyó que el Hijo de Dios quedaba entonces a merced de su poder. La tentación dio tan fáciles resultados con la santa pareja en el Edén, que esperaba que como consecuencia de su poder y su astucia satánica podría derribar inclusive al Hijo de Dios, y que de ese modo podría salvar su propia vida y su reino. Si podía tentar a Jesús a apartarse de la voluntad de su Padre, lograría su propósito. Pero el Señor enfrentó al tentador con esta reprensión: “Vete de mí, Satanás”. Sólo se inclinaría ante su Padre. {HR 206.1}

Satanás pretendía que el dominio de la tierra le pertenecía, y le sugirió a Jesús que podía evitar todos sus sufrimientos: que no necesitaba morir para obtener los reinos de este mundo; si lo adoraba poseería la tierra y la gloria de reinar sobre ellos. Pero Cristo se mantuvo firme. Sabía que llegaría el momento cuando con su propia vida rescataría el reino usurpado por Satanás, y que después de un tiempo todo el cielo y toda la tierra se someterían a él. Eligió una vida de sufrimiento, más su terrible muerte, como el camino señalado por su Padre para que pudiera llegar a ser el legítimo heredero de los reinos de la tierra que le serían entregados en sus manos como posesión eterna. También Satanás le será entregado para ser destruido por la muerte, para que nunca más pueda molestar a Jesús y a los santos en gloria. {HR 206.2}

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