La sal de la Tierra

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Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Mateo 5:13.

Dios desea cooperar con la iglesia y de ningún modo quiere prescindir de ella.

Confío que todos los que han probado la buena Palabra de Dios alumbren “delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Mateo 5:16. También Cristo dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”. La sal redentora, el sabor del cristiano, es el amor de Jesús en el corazón, la justicia de Cristo que ha penetrado en todo el ser. Si el que enseña religión desea mantener la eficacia salvadora de la fe, siempre deberá poner delante de él la justicia de Cristo, y tener la gloria de Dios por recompensa. Entonces su vida y su carácter manifestarán el poder de Jesús.

Oh, cuando lleguemos a los portales de perlas y podamos entrar en la ciudad de Dios, ¿osará alguno lamentarse de haber consagrado sin reservas su vida a Cristo? Amémoslo ahora, sin mantener afectos divididos, y cooperemos con las inteligencias celestiales a fin de llegar a ser colaboradores con Dios; para que, participando de la naturaleza divina, podamos dar a conocer a Jesús a otros. ¡Oh, el bautismo del Espíritu Santo! ¡Oh, que los luminosos rayos del Sol de Justicia puedan brillar en las cámaras de nuestra mente y corazón, para que cada ídolo sea destronado y arrojado del santuario de nuestro ser! ¡Oh, que nuestra lengua pueda soltarse para testificar acerca de su bondad y poder!

Si usted responde a la atracción de Cristo, no quedará sin ejercer su influencia sobre los receptores del poder y de la gracia de Cristo. Contemplémoslo para que nuestra propia imagen cambie a la semejanza de Aquel en quien habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y podamos comprender que si somos aceptados por el Amado, estamos “completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad”. Colosenses 2:10.—The Bible Echo, 15 de febrero de 1892.

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