Las carnes y los estimulantes | Joyas de los Testimonios 1

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Las carnes y los estimulantes | Joyas de los Testimonios 1


Estimados hermanos H***: Recordé que vuestros rostros se hallaban entre los de varias personas a quienes vi necesitadas de que se haga cierta obra para ellas antes de que puedan ser santificadas por la verdad. Abrazasteis la verdad porque veíais que era la verdad, pero ella no se ha apoderado de vosotros. No habéis sentido su influencia santificadora en la vida. Ha estado resplandeciendo la luz sobre vuestra senda con respecto a la reforma pro salud y el deber que incumbe a los hijos de Dios en estos postreros días en cuanto a ejercer templanza en todas las cosas. Vi que estabais entre aquellos que demorarían en ver la luz y en corregir su manera de comer, beber y trabajar. En la medida en que se reciba y se siga la luz, ésta realizará una completa reforma en la vida y el carácter de todos aquellos que son santificados por ella. … {1JT 193.1}

La Hna. H*** es una mujer cuya sangre está corrompida. Su organismo está lleno de humores escrofulosos por comer carne. El consumo de carne de cerdo en vuestra familia os ha proporcionado sangre de mala calidad. La Hna. H*** necesita limitarse estrictamente a un régimen de cereales, frutas y verduras, cocinadas sin carne ni grasa alguna. Necesitaréis adheriros durante bastante tiempo a un régimen estrictamente saludable para colocaros en mejores condiciones de salud, que os relacionen correctamente con la vida. Es imposible que quienes hacen copioso consumo de carne tengan un cerebro despejado y un intelecto activo. {1JT 193.2}

Os aconsejamos que cambiéis vuestros hábitos de vida; pero al mismo tiempo os recomendamos que lo hagáis con entendimiento. Conozco familias que han cambiado de un régimen a base de carne a otro deficiente. Su alimento está tan mal preparado que repugna al estómago; y estas personas me han dicho que la reforma pro salud no les asienta, pues están perdiendo su fuerza física. Esta es una razón por la cual algunos no han tenido éxito en sus esfuerzos para simplificar su alimentación. Siguen un régimen pobre. Preparan sus alimentos sin esmero ni variación. No debe haber muchas clases de alimentos en una comida, pero cada comida no debe estar compuesta invariablemente de las mismas clases de alimentos. El alimento debe prepararse con sencillez, aunque en forma esmerada para que incite al apetito. Debéis eliminar la grasa de vuestra alimentación. Contamina cualquier alimento que preparéis. Comed mayormente frutas y verduras. {1JT 193.3}

 

Aumenta la predisposición a las enfermedades

 

Después de disminuir su fuerza física por comer una cantidad reducida de alimentos de mala calidad, algunos concluyen que su anterior manera de vivir era mejor. El organismo debe ser sostenido. Sin embargo, no vacilamos en decir que la carne no es necesaria para tener salud y fuerza. Se la usa porque el apetito depravado la desea. Su consumo excita las propensiones animales y fortalece las pasiones de la misma naturaleza. Cuando aumentan estas propensiones, decrecen las facultades intelectuales y morales. El consumo de carne tiende a hacer tosco el cuerpo y embota las finas sensibilidades de la mente. {1JT 194.1}

El pueblo que se está preparando para ser santo, puro y refinado, y ser introducido en la compañía de los ángeles celestiales, ¿habrá de continuar quitando la vida de los seres creados por Dios para sustentarse con su carne y considerarla como un lujo? Por lo que el Señor me ha mostrado, habrá que cambiar este orden de cosas, y el pueblo de Dios ejercerá templanza en todas las cosas. Los que se sustentan mayormente con carne no pueden evitar comer la de animales que en mayor o menor grado están enfermos. El proceso de preparar los animales para el mercado, produce enfermedad en ellos; y aun cuando se hallen en el mejor estado de salud posible, se acaloran y enferman al ser arreados antes de llegar al mercado. Los flúidos y las carnes de estos animales enfermos pasan directamente a la sangre y al sistema circulatorio del cuerpo humano para convertirse en flúidos y carnes del mismo. Así se introducen humores en el organismo. Y si la persona tiene ya sangre impura, ésta se empeora por el consumo de la carne de esos animales. El peligro de contraer una enfermedad aumenta diez veces al comer carne. Las facultades intelectuales, morales y físicas quedan perjudicadas por el consumo habitual de carne. El comer carne trastorna el organismo, anubla el intelecto y embota las sensibilidades morales. Os decimos, amados hermanos y hermanas, que la conducta más segura para vosotros consiste en dejar la carne. {1JT 194.2}

El consumo de té y café perjudica también el organismo. Hasta cierto punto, el té intoxica. Penetra en la circulación y reduce gradualmente la energía del cuerpo y de la mente. Estimula, excita, aviva y apresura el movimiento de la maquinaria viviente, imponiéndole una actividad antinatural, y da al que lo bebe la impresión de que le ha hecho un gran servicio infundiéndole fuerza. Esto es un error. El té substrae energía nerviosa y debilita muchísimo. Cuando desapareció su influencia y cesa la actividad estimulada por su uso, ¿cuál es el resultado? Una languidez y debilidad que corresponden a la vivacidad artificial que impartiera el té. Cuando el organismo está ya recargado y necesita reposo, el consumo de té acicatea la naturaleza, la estimula a cumplir una acción antinatural y por lo tanto disminuye su poder para hacer su trabajo y su capacidad de resistencia; y las facultades se agotan antes de lo que el Cielo quería. El té es venenoso para el organismo. Los cristianos deben abandonarlo. La influencia del café es hasta cierto punto la misma que la del té, pero su efecto sobre el organismo es aún peor. Es excitante, y en la medida en que lo eleve a uno por encima de lo normal, lo dejará finalmente agotado y postrado por debajo de lo normal. A los que beben té y café, los denuncia su rostro. Su piel pierde el color y parece sin vida. No se advierte en el rostro el resplandor de la salud. {1JT 195.1}

El té y el café no nutren el organismo. Alivian repentinamente, antes que el estómago haya tenido tiempo de digerirlos. Esto demuestra que aquello que los consumidores de estos estimulantes llaman fuerza proviene de la excitación de los nervios del estómago, que transmiten la irritación al cerebro, y éste a su vez es impelido a aumentar la actividad del corazón y a infundir una energía de corta duración a todo el organismo. Todo esto es fuerza falsa, cuyos resultados ulteriores dejan en peor condición, pues no imparten ni una sola partícula de fuerza natural. {1JT 196.1}

El segundo efecto de beber té es dolor de cabeza, insomnio, palpitaciones del corazón, indigestión, temblor nervioso y muchos otros males. … {1JT 196.2}

Necesitáis mentes claras y enérgicas para apreciar el carácter excelso de la verdad, para valorar la expiación y estimar debidamente las cosas eternas. Si seguís una conducta equivocada y erróneos hábitos de comer, y por ello debilitáis las facultades intelectuales, no estimáis la salvación y la vida eterna como para que os inspiren a conformar vuestras vidas con la de Cristo; ni haréis los esfuerzos fervorosos y abnegados para conformaros con la voluntad de Dios que su Palabra requiere, y que necesitáis para que os den la idoneidad moral que merecerá el toque final de la inmortalidad. {1JT 196.3}

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