Las ciudades

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Los constructores de la ciudad original
Al recibir la maldición de Dios, Caín se había retirado de la familia de sus padres. Había escogido primeramente el oficio de labrador, y luego fundó una ciudad, a la cual dio el nombre de su hijo mayor. Génesis 4:17. Se había retirado de la presencia del Señor, desechando la promesa del Edén restaurado, para buscar riquezas y placer en la tierra maldita por el pecado, y así se había destacado como caudillo de la gran multitud que adora al dios de este mundo.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 67 (1890). {EUD 95.1}
Durante algún tiempo los descendientes de Noé continuaron habitando en las montañas donde el arca se había detenido. A medida que se multiplicaron, la apostasía no tardó en causar división entre ellos. Los que deseaban olvidar a su Creador y desechar las restricciones de su ley, tenían por constante molestia las enseñanzas y el ejemplo de sus piadosos compañeros; y después de un tiempo decidieron separarse de los que adoraban a Dios. Para lograr su fin, emigraron a la llanura de Sinar, que estaba a orillas del río Éufrates […]. {EUD 95.2}
Decidieron construir allí una ciudad, y en ella una torre de tan estupenda altura que fuera la maravilla del mundo. Génesis 11:2-4.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 111-112 (1890). {EUD 96.1}
Las ciudades son semilleros de vicio
La persecución de los placeres y las diversiones se centraliza en las ciudades. Muchos padres que se establecen en la ciudad con sus hijos, pensando darles mayores ventajas, se desilusionan, y demasiado tarde se arrepienten de su terrible error. Las ciudades de nuestros días se están volviendo rápidamente como Sodoma y Gomorra. Los muchos días feriados estimulan la holgazanería. Los deportes excitantes—el asistir a los teatros,* las carreras de caballos, los juegos de azar, el beber licores y las jaranas—estimulan todas las pasiones a una actividad intensa. La juventud es arrastrada por la corriente popular.—Palabras de Vida del Gran Maestro, 35 (1900). {EUD 96.2}
Me ha sido mostrado que las ciudades se llenarán de confusión y crímenes; y que todas estas cosas aumentarán hasta el fin de la historia del mundo.—Joyas de los Testimonios 3:115 (1902). {EUD 96.3}
En el mundo entero, las ciudades se vuelven semilleros del vicio. Por doquiera se ve y oye el mal. En todas partes se encuentran incentivos a la sensualidad y a la disipación.—El Ministerio de Curación, 281 (1905). {EUD 96.4}
Descienden juicios sobre las ciudades
Terribles conmociones vendrán sobre la tierra, y los palacios señoriales levantados a gran costo se convertirán ciertamente en montones de ruinas.—Manuscript Releases 3:312 (1891). {EUD 96.5}
Cuando la mano restrictiva de Dios se retire, el destructor comenzará su trabajo. Entonces ocurrirán en nuestras ciudades las mayores calamidades.—Manuscript Releases 3:314 (1897). {EUD 96.6}
El Señor dirige advertencias a los habitantes de la tierra, como en el incendio de Chicago y en los incendios de Melbourne, Londres y la ciudad de Nueva York.—Manuscrito 127, 1897. {EUD 97.1}
El fin está cerca y cada ciudad va a ser trastornada de diferentes maneras. Habrá confusión en cada ciudad. Todo lo que puede ser sacudido lo será, y no sabemos qué pasará luego. Los juicios serán de acuerdo con la maldad de la gente y la luz de verdad que han tenido.—Manuscript Releases 1:248 (1902). {EUD 97.2}
¡Ojalá que el pueblo de Dios tuviera una noción de la destrucción inminente de millares de ciudades, ahora casi [totalmente] entregadas a la idolatría!—El Evangelismo, 26 (1903). {EUD 97.3}
Falta poco para que las grandes ciudades sean barridas, de manera que todos deben ser amonestados acerca de la inminencia de estas calamidades.—El Evangelismo, 26 (1910). {EUD 97.4}
Edificios a prueba de catástrofes se convertirán en ceniza
He visto las más costosas estructuras de edificios construidos supuestamente a prueba de fuego, pero así como Sodoma pereció en las llamas de la venganza divina, así estas orgullosas estructuras se convertirán en ceniza […]. Los deleitables monumentos de la grandeza de los hombres se harán polvo aun antes que venga la última gran destrucción sobre el mundo.—Mensajes Selectos 3:478-479 (1901). {EUD 97.5}
Dios está retirando su Espíritu de las ciudades impías, que han llegado a ser semejantes a las del mundo antediluviano y a Sodoma y Gomorra […]. Las costosas mansiones, maravillas arquitectónicas, serán destruidas sin previo aviso cuando el Señor vea que sus ocupantes han traspasado los límites del perdón. La destrucción causada por el fuego en los imponentes edificios que se suponen son a prueba de incendios, es una ilustración de cómo, en un momento, los edificios de la tierra caerán en ruinas.—Cada Día con Dios, 152 (1902). {EUD 97.6}
Los hombres continuarán levantando costosos edificios que valen millones; se dará especial atención a su belleza arquitectónica y a la firmeza y solidez con que son construidos. Pero el Señor me ha hecho saber que pesar de su insólita fineza y su costosa impotencia esos edificios correrán la misma suerte del templo da Jerusalén.—Comentario Bíblico Adventista 5:1074 (1906). {EUD 97.7}
La ciudad de Nueva York
Dios no ha ejecutado su ira sin misericordia. Todavía se extiende su mano. Debe darse su mensaje en el Gran Nueva York. La gente debe ver cómo Dios, por un toque de su mano, puede destruir las propiedades que han reunido para enfrentar el último gran día.—Manuscript Releases 3:310-311 (1902). {EUD 98.1}
No tengo luz en particular respecto a lo que viene sobre Nueva York; solo sé que un día los grandes edificios serán derribados por el poder trastornador de Dios […]. La muerte llegará a todas partes. Esta es la razón por la cual me siento tan ansiosa de que nuestras ciudades sean amonestadas.—The Review and Herald, 5 de julio de 1906. {EUD 98.2}
Estando en Nueva York en cierta ocasión, se me hizo contemplar una noche los edificios que, piso tras piso, se elevaban hacia el cielo. Esos inmuebles que eran la gloria de sus propietarios y constructores eran garantizados incombustibles […]. {EUD 98.3}
La siguiente escena que pasó delante de mí fue una alarma de incendio. Los hombres miraban a esos altos edificios, reputados incombustibles, y decían: “Están perfectamente seguros”. Pero estos edificios fueron consumidos como la pez. Las bombas contra incendio no pudieron impedir su destrucción. Los bomberos no podían hacer funcionar sus máquinas.—Joyas de los Testimonios 3:281-282 (1909). {EUD 98.4}
Chicago y los ángeles
También pasaron ante mí escenas que pronto tendrían lugar en Chicago y en otras grandes ciudades. A medida que aumentaba la maldad y se retiraba el poder protector de Dios, había vientos destructivos y tempestades. Los edificios eran destruidos por el fuego y derribados por terremotos. {EUD 98.5}
Algún tiempo después se me mostró que la visión de edificios en Chicago y la inversión de los medios de nuestro pueblo para levantarlos, y su correspondiente destrucción, no eran sino una lección práctica para nuestro pueblo, amonestándoles a no invertir grandes sumas en propiedades en Chicago, ni en cualquier otra ciudad, a menos que las providencias de Dios abran positivamente el camino e indiquen claramente el deber de construir o comprar, como sea necesario, a fin de dar la nota de amonestación. Se dio una advertencia similar respecto a construir en Los Ángeles. Repetidamente se me ha instruido que no debemos invertir recursos en la construcción de edificios costosos en las ciudades.—The Paulson Collection, 50 (1906). {EUD 98.6}
San Francisco y Oakland
San Francisco y Oakland están llegando a ser como Sodoma y Gomorra, y el Señor las visitará. De aquí a no mucho tiempo sufrirán bajo sus juicios.—Manuscrito 30, 1903. {EUD 99.1}
El terrible terremoto que azotó a San Francisco1 será seguido por otras manifestaciones del poder de Dios. Su ley ha sido transgredida. Las ciudades se han contaminado con el pecado. Estudiad la historia de Nínive. Mediante Jonás, Dios le envió un mensaje a esa ciudad perversa […]. Muchos mensajes semejantes se darían en nuestro tiempo, si las ciudades impías se arrepintiesen como lo hizo Nínive.—Manuscrito 61a, 3 de junio de 1906. {EUD 99.2}
Aun en las ciudades donde han caído los juicios de Dios como consecuencia de la transgresión, no hay señal de arrepentimiento. Los bares [de bebidas y bailes] todavía están abiertos y se mantienen muchas tentaciones ante la gente.—Carta 268, 20 de agosto de 1906. {EUD 99.3}
Otras ciudades impías
A medida que nos acerquemos al fin de la historia de esta tierra, se repetirán en otras partes las escenas de la calamidad de San Francisco […]. Estas cosas me hacen sentir que estamos en tiempos muy solemnes porque sé que el día del juicio es inminente. Los juicios que ya han descendido son una advertencia, pero no el fin del castigo que vendrá sobre las ciudades impías […]. {EUD 99.4}
Se cita Habacuc 2:1-20; Sofonías 1:1-3:20; Zacarías 1:1-4:14; Malaquías 1:1-4. Estas escenas pronto serán presenciadas tal como se las describe claramente. Presento estas maravillosas declaraciones de las Escrituras para consideración de todos. Las profecías registradas en el Antiguo Testamento son la palabra del Señor para los últimos días, y se cumplirán tan seguramente como hemos visto la desolación de San Francisco.—Carta 154, 26 de mayo de 1906. {EUD 100.1}
Se me pide que declare el mensaje de que las ciudades llenas de transgresión y pecaminosas en extremo, serán destruidas por terremotos, incendios e inundaciones.—El Evangelismo, 24 (27 de abril de 1906). {EUD 100.2}
Todas las advertencias de Cristo respecto a los eventos que ocurrirán cerca del fin de la historia de esta tierra, se están cumpliendo ahora en nuestras grandes ciudades. Dios está permitiendo que estas cosas sean manifiestas para que el que corra pueda leer. La ciudad de San Francisco es una muestra de lo que todo el mundo está llegando a ser. El soborno perverso, la malversación de fondos, las transacciones fraudulentas entre hombres que tienen autoridad para liberar a los culpables y condenar a los inocentes: toda esta iniquidad está llenando otras grandes ciudades de la tierra y haciendo que el mundo sea como fue en los días anteriores al Diluvio.—Carta 230, 1907. {EUD 100.3}
Sindicatos en las ciudades
Satanás trabaja laboriosamente en nuestras ciudades populosas. El resultado de su trabajo se advierte en la confusión reinante, en las luchas y las discordias entre las fuerzas trabajadoras y el capital, y en la hipocresía que ha entrado en las iglesias […]. Los instrumentos satánicos desempeñan su parte en la estimulación de la concupiscencia de la carne, los deseos de los ojos, la manifestación de egoísmo, la extralimitación en el poder, la crueldad y la fuerza empleadas para unir a los hombres en confederaciones y sindicatos, disponiéndolos atados para el terrible fuego de los últimos días.—El Evangelismo, 23-24 (1903).{EUD 100.4}
Los impíos están siendo atados en manojos, atados en consorcios comerciales, en sindicatos o uniones, en confederaciones. No tengamos nada que ver con esas organizaciones. Dios es nuestro Soberano, nuestro gobernante, y nos llama a que salgamos del mundo y estemos separados. “Salid de en medio de ellos, y apartaos dice el Señor. Y no toquéis lo inmundo”. 2 Corintios 6:17. Si rehusamos hacer esto, si continuamos vinculándonos con el mundo y si consideramos cada asunto desde el punto de vista del mundo, llegaremos a ser como el mundo. Cuando los procedimientos del mundo y las ideas del mundo rigen nuestras transacciones, no podemos estar en la elevada y santa plataforma de la verdad eterna.—Comentario Bíblico Adventista 4:1164 (1903). {EUD 101.1}
Los sindicatos, una fuente de problemas para los adventistas
Las uniones laborales constituirán una de las agencias que traerán sobre esta tierra un tiempo de angustia como nunca ha habido desde que el mundo fue creado […]. {EUD 101.2}
Unos pocos hombres se unirán para apoderarse de todos los medios que puedan obtenerse en ciertas líneas de negocio. Se formarán gremios de obreros y los que rehúsen unirse a ellos serán hombres marcados […]. {EUD 101.3}
A causa de estas uniones y confederaciones, muy pronto será muy difícil para nuestras instituciones llevar a cabo su obra en las ciudades. Mi advertencia es: Salid de las ciudades. No edifiquéis sanatorios en las ciudades.—Mensajes Selectos 2:162 (1903). {EUD 101.4}
Se aproxima rápidamente el tiempo cuando el poder controlador de las uniones laborales será muy opresivo.—Mensajes Selectos 2:161 (1904). {EUD 101.5}
Muchos en las ciudades ansían luz y verdad
Las ciudades de las naciones serán tratadas con estrictez, y sin embargo, no serán visitadas con la extrema indignación de Dios, porque algunas almas renunciarán a los engaños del enemigo, y se arrepentirán y convertirán.—El Evangelismo, 25 (1906).{EUD 101.6}
La oscuridad espiritual que cubre a todo el mundo se intensifica en los centros congestionados de población. El obrero evangélico encuentra la mayor impenitencia y la más grande necesidad en las ciudades de las naciones. Y en estas mismas ciudades se les presentan a los ganadores de almas algunas de las mayores oportunidades. Mezclados con las multitudes que no piensan en Dios ni en el cielo, hay muchos que ansían luz y pureza de corazón. Aun entre los descuidados e indiferentes hay muchos cuya atención puede ser atraída por una revelación del amor de Dios hacia el alma humana.—The Review and Herald, 17 de noviembre de 1910. {EUD 101.7}
Se necesitan esfuerzos fervientes en las ciudades
En preparación para la venida de nuestro Señor, hemos de hacer una gran obra en las grandes ciudades. Tenemos que presentar un solemne testimonio en esos grandes centros.—Words of Encouragement to Selfsupporting Workers (Palabras de aliento a obreros de sostén propio), (Ph 113) 5 (1909). {EUD 102.1}
El mensaje de amonestación para este tiempo no se está dando fervientemente en el gran mundo de los negocios. Día tras día los centros de comercio están atestados de hombres y mujeres que necesitan la verdad para este tiempo, pero que no obtienen un conocimiento salvador de sus preciosos principios porque no se realizan esfuerzos fervientes y perseverantes para llegar a esta clase de gente donde ellos se encuentran.—Counsels to Writers and Editors, 14 (1909). {EUD 102.2}
Ahora debe proclamarse el mensaje del tercer ángel, no solo en tierras distantes, sino [también] en lugares descuidados que están cerca, donde moran multitudes que no han sido amonestadas ni salvadas. Nuestras ciudades en todas partes necesitan que los siervos de Dios hagan una labor ferviente y entusiasta.—The Review and Herald, 17 de noviembre de 1910. {EUD 102.3}
No todos pueden abandonar las ciudades todavía
Siempre que se pueda, es deber de los padres establecer un hogar en el campo para beneficiar a sus hijos.—El hogar adventista, 125 (1906). {EUD 102.4}
A medida que transcurra el tiempo, cada vez será más necesario que nuestro pueblo salga de las ciudades. Durante años hemos recibido la instrucción de que nuestros hermanos y hermanas, y especialmente las familias con hijos, deberán planear salir de las ciudades a medida que puedan hacerlo. Muchos tendrán que trabajar laboriosamente para ayudar a abrir el camino. Pero hasta que sea posible salir, durante todo el tiempo que permanezcan en ellas, deberían ocuparse activamente en el trabajo misionero, por muy limitada que sea su esfera de influencia.—Mensajes Selectos 2:413 (1906). {EUD 102.5}
Está aumentando la maldad en nuestras ciudades y cada vez resulta más evidente que aquellos que permanecen en ellas innecesariamente, arriesgan la salvación de su alma.—Country Living, 9 (1907). {EUD 103.1}
Ciudades y pueblos están sumidos en el pecado y la corrupción moral, aunque hay hombres como Lot en cada Sodoma.—Joyas de los Testimonios 2:417 (1900). {EUD 103.2}
En las ciudades se necesitan escuelas, iglesias y restaurantes
Mucho más se puede hacer para salvar y educar a los niños de los que en la actualidad no pueden salir de las ciudades. Este es un asunto digno de nuestros mejores esfuerzos. En las ciudades han de establecerse escuelas de iglesia, y en relación con esas escuelas deben trazarse planes para la enseñanza de estudios más avanzados cuando haya demanda de ellos.—Conducción del Niño, 286-287 (1903). {EUD 103.3}
Nuestros restaurantes deben estar en las ciudades, porque de otro modo los obreros que trabajan en ellos no podrían alcanzar a la gente y enseñarles los principios que rigen la vida sana.—Mensajes Selectos 2:162 (1903). {EUD 103.4}
El Señor nos ha indicado repetidamente que debemos trabajar en las ciudades desde puestos de avanzada ubicados fuera de ellas. En esas ciudades debemos tener casas de culto, como monumentos de Dios, pero las instituciones destinadas a la publicación de la verdad, a la curación de los enfermos y a la preparación de los obreros deben establecerse fuera de las ciudades. Es especialmente importante que nuestra juventud sea protegida de las tentaciones de la vida en la ciudad.—Mensajes Selectos 2:411 (1907). {EUD 103.5}
No se recomiendan traslados apresurados al campo
Que todos tomen el tiempo necesario para realizar cuidadosas consideraciones para que no sean como el hombre de la parábola que comenzó a edificar y luego fue incapaz de terminar. No debe realizarse ningún movimiento sin considerar cuidadosamente ese movimiento y sus resultados; todo debe ser tenido en cuenta […]. {EUD 104.1}
Puede haber personas que se apresuran a hacer una cosa, y que se comprometen en negocios acerca de los cuales no saben nada. Dios no requiere que se haga esto […]. {EUD 104.2}
No se haga nada en forma desordenada para que no se produzcan grandes pérdidas ni se sacrifiquen las propiedades a causa de discursos ardientes e repulsivos que despiertan un entusiasmo que no está de acuerdo con la voluntad de Dios; para que una victoria que es esencial que se obtenga no se convierta en derrota por falta de una moderación sensata, de proyectos adecuados, de principios sólidos y de propósitos definidos.2—Mensajes Selectos 2:415-416 (1893). {EUD 104.3}
La señal para huir de las ciudades
No está lejano el tiempo en que, como los primeros discípulos, seremos obligados a buscar refugio en lugares desolados y solitarios. Así como el sitio de Jerusalén por los ejércitos romanos fue la señal para que huyesen los cristianos de Judea, así la asunción de poder por parte de nuestra nación [los Estados Unidos], con el decreto que imponga el día de descanso papal, será para nosotros una amonestación. Entonces será tiempo de abandonar las grandes ciudades, y prepararnos para abandonar las menores en busca de hogares retraídos en lugares apartados entre las montañas.—Joyas de los Testimonios 2:165-166 (1885).{EUD 104.4}
Aún habrá algunos justos en las ciudades después que se haya promulgado el decreto de muerte
En el tiempo de angustia, huimos de todas las ciudades y pueblos, pero los malvados nos perseguían y entraban a cuchillo en las casas de los santos.—Primeros Escritos, 34 (1851). {EUD 105.1}
Cuando los santos salieron de las villas y ciudades, los persiguieron los malvados con intento de matarlos. Pero las espadas levantadas contra el pueblo de Dios se quebraron y cayeron tan inofensivas como briznas de paja. Los ángeles de Dios escudaron a los santos.—Primeros Escritos, 284 (1858). {EUD 105.2}
Por más que un decreto general haya fijado el tiempo en que los observadores de los mandamientos puedan ser muertos, sus enemigos, en algunos casos, se anticiparán al decreto y tratarán de quitarles la vida antes del tiempo fijado. Pero nadie puede atravesar el cordón de los poderosos guardianes colocados en torno de cada fiel. Algunos son atacados al huir de las ciudades y villas. Pero las espadas levantadas contra ellos se quiebran y caen como si fueran de paja. Otros son defendidos por ángeles en forma de guerreros.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 689 (1911). {EUD 105.3}

 

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