No hay tiempo que perder

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“Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy presuroso.” (Sof. 1: 14.) Calcémonos las sandalias del Evangelio y estemos listos a cada momento para emprender el viaje. (Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 310.)

Los miembros de la iglesia obedientes a la orden del Maestro, deben estar siempre listos para obrar. Dondequiera que encontremos un trabajo que hacer, cumplámoslo mirando constantemente a Jesús. . .si cada miembro de la iglesia fuese un misionero vivo, el Evangelio sería enunciado en poco tiempo en todo país, pueblo, nación y lengua. (Joyas de los Testimonios, tomo 3. págs. 299, 300.)

Nos acercamos al fin de la historia de la tierra. Tenemos delante de nosotros una gran obra: la tarea final de dar el último mensaje de amonestación a un mundo pecaminoso. Hay hombres que serán tomados de detrás del arado, de la viña y de diversos otros tipos de trabajo, y enviados por el Señor para dar este mensaje al mundo. ( Testimonies, tomo 7, pág. 270.)

Haced resonar la alarma por toda la longitud y anchura de la tierra. Decid a la gente que el día del Señor está cerca y se apresura grandemente. No quede nadie sin amonestación. Podríamos estar en lugar de las pobres almas que yerran. Podríamos haber sido colocados entre los bárbaros. De acuerdo con la verdad que hemos recibido en mayor medida que los demás, somos deudores para impartírsela. (Joyas de los Testimonios, tomo 2, págs. 375, 376.)

Mis hermanos y hermanas, es demasiado tarde para dedicar vuestra tiempo y vuestra energía a servir al yo. Que el último día no os encuentre destituidos del tesoro celestial. Tratad de impulsar los triunfos de la cruz, tratad de iluminar a las almas, trabajad por la salvación de vuestros semejantes, y vuestra obra resistirá la prueba del fuego. (Testimonies, tomo 9, pág. 56.)

Este mensaje debe ser dado con prontitud, renglón tras renglón, precepto tras precepto. Los hombres se verán pronto obligados a tomar decisiones importantes, y debemos cuidar de que tengan ocasión de comprender la verdad, de manera que puedan decidirse inteligentemente por el lado del bien. El Señor llama a su pueblo a trabajar y con fervor e inteligencia mientras se prolonga el tiempo de gracia. (Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 345.)

No tenemos tiempo que perder. El fin está cerca. El viajar de lugar en lugar para difundir la verdad quedará pronto rodeado de peligros a diestra y siniestra. Se pondrá todo obstáculo en el camino de los mensajeros del Señor, para que no puedan hacer lo que les es posible hacer ahora. Debemos mirar bien de frente nuestra obra y avanzar tan rápidamente como sea posible en una guerra agresiva. Por la luz que Dios me ha dado, sé que las potestades de las tinieblas están obrando con intensa energía desde abajo, y con paso furtivo Satanás está avanzando para sorprender a los que duermen ahora, como un lobo que se apodera de su presa. Tenemos amonestaciones que podemos dar ahora, una obra que podemos hacer ahora: pero pronto ello será más difícil de lo que podemos imaginarnos. Dios nos ayude a mantenernos donde brilla la luz, a obrar con nuestros ojos fijos en Jesús nuestro Caudillo, y a avanzar paciente y perseverantemente hasta ganar la victoria. (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 376.)

Hay peligro en la demora. Esa alma a la cual debíais haber encontrado, esa alma a la cual debíais haberle abierto las Escrituras, pasa más allá de vuestro alcance. Satanás ha preparado una red para sus pies, y mañana podrá estar realizando los planes del archienemigo de Dios. ¿Por qué demorar un solo día? ¿Por qué no salir a trabajar en seguida? (Testimonies, tomo 6, pág. 443.)

En toda época, los que siguieron a Cristo necesitaron vigilancia y fidelidad; pero ahora, estando en el mismo umbral del mundo eterno y teniendo las verdades que tenemos, tanta luz y una obra tan importante, debemos duplicar nuestra diligencia. Cada uno ha de obrar hasta lo sumo de su capacidad. Hermano mío, Vd. hace peligrar su salvación si retrocede ahora. Dios le pedirá cuenta si no hace el trabajo que le asignó. (Joyas de los Testimonios, tomo 21 pág. 161.)

 

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