PECADOS QUE DEJAN MARCAS

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Núm. 25; 31: 16.

“Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen, para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la mujer extraña.” (Prov. 6: 23, 24).

La licencia fue el crimen que atrajo los castigos de Dios sobre Israel. La audacia de las mujeres para enredar las almas no terminó en Baal-peor. A pesar del castigo que vino sobre los pecadores de Israel, el mismo crimen se repitió varias veces. Satanás trabajó muy diligentemente buscando la ruina completa de Israel. Con el consejo de Balaam, Balac puso la trampa. Los israelitas hubieran hecho frente con valor a sus enemigos en la batalla, y los hubieran rechazado, saliendo vencedores; pero cuando las mujeres llamaron su atención, buscando su compañía, y los engañaron mediante sus encantos, no resistieron la tentación. Fueron invitados a fiestas idólatras, y el exceso de vino oscureció más aún su mente ofuscada. Perdieron su poder de dominio propio, así como su lealtad a la ley de Dios. Sus sentidos estaban tan ofuscados con el vino, y sus pasiones no santificadas habían tomado tanta fuerza venciendo toda barrera, que provocaron la tentación a asistir a esas fiestas idólatras. Esos hombres valientes que nunca habían vacilado en la batalla, no protegieron sus almas para resistir la tentación de complacer sus pasiones más bajas. . . Primeramente mancharon su conciencia con la lujuria, y luego se apartaron de Dios aún más mediante la idolatría, mostrando de esta forma desprecio por el Dios de Israel.

Cerca del fin de la historia de este mundo, Satanás trabajará con todos sus poderes de la misma manera y con las mismas tentaciones que usó para tentar al antiguo Israel justamente antes que entrara en la tierra Prometida. Preparará trampas para aquellos que dicen guardar los mandamientos de Dios, y que están casi al borde de la Canaán celestial. Usará sus poderes a fin de atrapar las almas, y hacer caer al pueblo profeso de Dios en sus puntos más débiles. . .

Ahora, el deber del pueblo que guarda los mandamientos de Dios es velar y orar, escudriñar las Escrituras diligentemente, atesorar la Palabra de Dios en el corazón para no Pecar contra él con pensamientos de idolatría y prácticas deshonrosas, corrompiendo así la iglesia de Dios ( Review and Herald , 17-5-1887

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