¿QUÉ DEBEN LEER NUESTROS HIJOS?

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¿QUÉ deben leer nuestros hijos? Esta es una pregunta seria, una pregunta que requiere una respuesta seria. Me acongoja el ver en las familias observadoras del sábado, periódicos y diarios que contienen folletines que no dejan buenas impresiones en las mentes de los niños y jóvenes. He observado a los que han desarrollado un gusto por los relatos ficticios. Tuvieron el privilegio de escuchar la verdad y familiarizarse con las razones de nuestra fe; pero han llegado a los años maduros privados de piedad verdadera y práctica. No manifiestan devoción, no reflejan luz celestial sobre aquellos a quienes tratan, para conducirlos a la Fuente de todo conocimiento verdadero.

Durante los primeros años de la vida de un niño su mente es más susceptible a las impresiones buenas o malas. Durante esos años hace progreso decidido en la buena dirección o en la mala. Por un lado, se puede obtener mucha información sin valor; por otro lado, mucho conocimiento sólido y valioso. La fuerza del intelecto, el conocimiento sólido, son posesiones que no puede comprar el oro de Ofir. Su precio supera al del oro o de la plata.

La clase de educación que hará idóneos a los jóvenes para la vida práctica, no es la que eligen comúnmente. Ellos insisten en sus deseos, sus gustos y disgustos, sus preferencias e inclinaciones; pero si sus padres tienen una visión correcta de Dios, de la verdad y de las influencias y compañías que deben rodear a sus hijos, sentirán que sobre ellos descansa la responsabilidad confiada por Dios de guiar cuidadosamente a los jóvenes inexpertos.

Muchos jóvenes anhelan tener libros. Leen cualquier cosa que pueden obtener. Apelo a los padres de los tales niños para que controlen su deseo de lectura. No permitan que sobre sus mesas haya revistas y diarios que contengan historias de amor. Deben reemplazarlas con libros que ayuden a los jóvenes a incluir en el edificio de su carácter el mejor material: el amor y el temor de Dios, el conocimiento de Cristo. Estimulad a vuestros hijos a almacenar valiosos conocimientos en la mente, a que lo bueno ocupe su alma, controle sus facultades, no dejando lugar para pensamientos bajos y degradantes. Reprimid el deseo de leer cosas que no proporcionan buen alimento a la mente. El dinero gastado en revistas de cuentos puede parecer poco, pero es demasiado para lo que ofrece tantas cosas que extravían y da tan poco bien en recompensa. Los que están en el servicio de Dios no deben gastar tiempo ni dinero en lecturas sin provecho.

Lecturas inútiles

El mundo está inundado de libros que sería mejor destinar al fuego que a la circulación. Sería mejor que nunca leyesen los jóvenes los libros que tratan temas sensacionales, publicados y puestos en circulación para ganar dinero. Hay una fascinación satánica en tales libros. El relato desconsolador de crímenes y atrocidades tiene sobre muchos un poder hechizador que los excita a buscar lo que pueden realizar para hacerse notar, aun mediante los actos más perniciosos. Las enormidades, las crueldades y las prácticas licenciosas descritas en algunos de los escritos estrictamente históricos, han actuado como levadura en las mentes de muchos induciéndoles a cometer actos similares.

Los libros que delinean las prácticas satánicas de los seres humanos, dan publicidad al mal. Esos horribles detalles no necesitan reverse, y nadie que crea la verdad para este tiempo debe tener parte en perpetuar su recuerdo. Cuando el intelecto se alimenta y estimula con estos alimentos depravados, los pensamientos se vuelven impuros y sensuales.

Hay otra clase de libros -historias de amor y cuentos frívolos y excitantes- que son una maldición para todos aquellos que los leen, aun cuando el autor les añada una buena moraleja. Con frecuencia se entretejen declaraciones religiosos en estos libros; pero en la mayoría de los casos Satanás está vestido como ángel para engañar y seducir a los incautos. La práctica de leer cuentos es uno de los medios empleados por Satanás para destruir almas. Produce una excitación falsa y malsana, afiebra la imaginación, incapacita a la mente para ser útil y la descalifica para cualquier esfuerzo espiritual. Aleja el alma de la oración y del amor a las cosas espirituales.

Los lectores de cuentos frívolos y excitantes se incapacitan para los deberes de la vida práctica. Viven en un mundo irreal. He observado a niños a quienes se había permitido hacer una práctica de la lectura de tales historias. En su casa o fuera de ella, estaban agitados, sumidos en ensueños y no eran capaces de conversar sino sobre los asuntos más comunes. La conversación y el pensamiento religiosos eran completamente ajenos a su mente. Al cultivar el apetito por las historias sensacionales, se pervirtió el gusto mental, y la mente no queda satisfecha a menos que se la alimente con este alimento malsano. No puedo pensar en un nombre más adecuado para los que se dedican a tales lecturas que el de ebrios mentales. Los hábitos intemperantes en la lectura tienen sobre el cerebro el mismo efecto que los hábitos intemperantes en el comer y beber tienen sobre el cuerpo.

Los que practican el hábito de leer rápidamente una historia excitante están simplemente invalidando su fuerza mental y descalificando su mente para la reflexión e investigación vigorosa. Algunos jóvenes, y aun algunos de edad madura, se han visto aquejados de parálisis sin otra causa que el exceso de lectura. La fuerza nerviosa del cerebro ha estado constantemente excitada, hasta que la máquina delicada se gastó y rehusó funcionar. Alguna parte de la delicada maquinaria cedió y el resultado fue la parálisis.

Hay hombres y mujeres ya en el ocaso de la vida, que nunca se han recobrado de los efectos de la intemperancia de la lectura. El hábito adquirido en los primeros años creció con su desarrollo y se fortaleció a medida que crecían. Sus esfuerzos resueltos para vencer el pecado que cometían al abusar del intelecto, tuvieron éxito parcial; pero nunca recobraron el pleno vigor de la mente que Dios les había concedido.

Los autores incrédulos

Otra fuente de peligro contra la cual debemos precavernos constantemente es la lectura de autores incrédulos. Sus obras están inspiradas por el enemigo de la verdad y nadie puede leerlas sin poner en peligro su alma. Es verdad que algunos afectados por ellas pueden recobrarse finalmente; pero todos los que se someten a su mala influencia se colocan sobre el terreno de Satanás y él saca el mejor partido de su ventaja. Al invitar ellos a sus tentaciones, no tienen sabiduría para discernirlas ni fuerza para resistirlas. Con poder fascinante y hechizador, la incredulidad y la infidelidad se aferran a la mente.

Estamos constantemente rodeados por la incredulidad. La misma atmósfera parece cargada de ella. Únicamente por el esfuerzo constante podemos resistir su poder. Los que aprecian su salvación deben rehuir los escritos de los incrédulos como huirían de la lepra.

Ocupación previa del suelo

La mejor manera de impedir el crecimiento del mal es ocupar previamente el suelo. En vez de recomendar a vuestros hijos que lean Robinson Crusoe, o historias fascinantes de la vida real, como La cabaña del tío Tom, abridles las Escrituras, y dedicad tiempo cada día a leer y estudiar la Palabra de Dios. Los gustos mentales deben ser disciplinados y educados con el mayor cuidado. Los padres deben empezar temprano a abrir las Escrituras a las mentes en desarrollo de sus hijos, a fin de que puedan adquirir los debidos hábitos.

No deben escatimarse esfuerzos para establecer correctos hábitos de estudio. Si la mente vaga, hacedla volver. Si los gustos intelectuales y morales han sido pervertidos por historias ficticias y exageradas, de manera que no haya inclinación a aplicar la mente, hay que pelear una batalla para vencer este hábito. El amor por las lecturas ficticias debe vencerse en seguida. Deben tenerse reglas rígidas para mantener la mente en el debido sendero.

Entre un campo inculto y una mente no educada hay una sorprendente similitud. El enemigo siembra cizaña en las mentes de los niños y los jóvenes, y a menos que los padres ejerzan solícito cuidado, la cizaña brotará para llevar frutos malos. Se necesita trabajo incesante para cultivar la mente y sembrar en ella la preciosa semilla de la verdad bíblica. Se debe enseñar a los niños a rechazar las historias triviales y excitantes, y a buscar lecturas sensatas, que inducirán a la mente a interesarse en los relatos bíblicos, en la historia y sus argumentos. La lectura que arroje luz sobre el Sagrado volumen y vivifique el deseo de estudiarlo, no es peligrosa sino beneficiosa.

La lección de la escuela sabática

La escuela sabática proporciona a padres e hijos una oportunidad de estudiar la Palabra de Dios. Pero a fin de que obtengan el beneficio que podrían adquirir en la escuela sabática, tanto los padres como los niños deben dedicar tiempo al estudio de la lección, procurando obtener un conocimiento cabal de los hechos presentados, tanto como de las verdades espirituales que estos hechos están destinados a enseñar. Inculcad en las mentes de los jóvenes la importancia de buscar el significado completo del pasaje considerado.

Padres, apartad cada día un momento para el estudio de la lección de la escuela sabática con nuestros hijos. Renunciad a la conversación familiar, si ello es necesario, antes de sacrificar la hora dedicada a las lecciones de la Historia Sagrada. Tanto los padres como los hijos recibirán beneficio de este estudio. Confíense a la memoria los pasajes más importantes de la Escritura, no como una imposición, sino como un privilegio. Aunque al principio la memoria sea deficiente, adquirirá fuerza con el ejercicio, de manera que después de un tiempo os deleitaréis en atesorar las palabras de verdad. Y el hábito resultará de ayuda valiosa para el crecimiento espiritual.

El círculo de lectura del hogar

Demuestre nuestro pueblo que tiene interés vivo en la obra misionera médica. Prepárese para ser útil estudiando las publicaciones que han sido preparadas para nuestra instrucción sobre estos asuntos. Los que estudian y practican los principios del sano vivir, recibirán grandes bendiciones tanto física como espiritualmente. El comprender la filosofía de la salud es un salvaguardia contra muchos de los males que van de continuo en aumento.

Padres y Madres, obtened toda la ayuda que podáis del estudio de nuestros libros y publicaciones. Tomad tiempo para leer a vuestros hijos tanto de los libros de salud, como de los que tratan más particularmente temas religiosos. Enseñadles la importancia de cuidar del cuerpo, la casa en que viven. Formad un círculo de lectura del hogar, en el cual cada miembro de la familia pondrá a un lado las ocupaciones del día y se unirá en el estudio. Los jóvenes que han estado acostumbrados a leer novelas y libros de cuentos triviales recibirán especial beneficio por participar del estudio familiar vespertino.

La Biblia

Sobre todo, tomad tiempo para leer la Biblia, el Libro de los libros. Un estudio diario de las Escrituras tiene una influencia santificadora y elevadora sobre la mente. Ligad el Santo Volumen a vuestros corazones. Resultará para vosotros un amigo y un guía en la perplejidad.

Tanto los ancianos como los jóvenes descuidan la Biblia. No hacen de ella su estudio, la regla de su vida. Especialmente los jóvenes son culpables de tal negligencia. La mayoría de ellos hallan tiempo para leer otros libros, pero no estudian diariamente el Libro que señala el camino hacia la vida eterna. Leen atentamente las historias inútiles, mientras que descuidan la Biblia. Este libro es el Guía que nos lleva a una vida más elevada y más santa. Los jóvenes declararían que es el libro más interesante que leyeron alguna vez, si su imaginación no hubiese quedado pervertida por la lectura de historias ficticias.

Las mentes juveniles no alcanzan su desarrollo más noble cuando descuidan la fuente más elevada de sabiduría: la Palabra de Dios. Que estamos en el mundo de Dios, en presencia del Creador; que somos hechos a su semejanza; que él vela sobre nosotros y nos ama y cuida; éstos son maravillosos temas de reflexión y conducen la mente a amplios y exaltados campos de meditación. El que abre la mente y el corazón a la contemplación de estos temas, no se quedará nunca satisfecho con asuntos triviales y sensacionales.

Es difícil estimar la importancia de procurar un conocimiento cabal de las Escrituras. “Inspirada por Dios”, capaz de hacernos sabios “para la salvación”, a fin de que el hombre de Dios sea “perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3: 15-17), la Biblia exige nuestra atención más reverente. No debemos quedar satisfechos con un conocimiento superficial, sino procurar aprender el pleno significado de las palabras de verdad, beber profundamente del espíritu de los Santo Oráculos. 

CONSEJOS PARA LOS MAESTROS, PADRES Y ALUMNOS ACERCA DE LA EDUCACIÓN CRISTIANA CAP.15

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