Soldados de Cristo

9
En la palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra. 2 Corintios 6:7.{AFC64 154.1}
La iglesia de Cristo puede ser adecuadamente comparada con un ejército. La vida de cada soldado es de esfuerzos, penalidades y peligros. Por doquiera hay enemigos vigilantes, dirigidos por el príncipe de los poderes de las tinieblas, que nunca duerme y nunca abandona su puesto. Siempre que un cristiano se descuida, este poderoso adversario ejecuta un súbito y violento ataque. A menos que los miembros de la iglesia sean activos y vigilantes, serán vencidos por las tácticas del enemigo.{AFC64 154.2}
¿Qué sucedería si la mitad de los soldados de un ejército se hallaran despreocupados o dormidos cuando se les ordenara que estuvieran en su puesto? El resultado sería la derrota, el cautiverio o la muerte. ¿Escaparía alguno de las manos del enemigo, si fueran tenidos por dignos de un indulto? No, rápidamente recibirían la sentencia de muerte. Y en la iglesia de Cristo el descuido o la infidelidad implican consecuencias mucho más importantes. ¡Qué podría ser más terrible que un ejército de soldados cristianos somnolientos! ¿Qué avance podrían hacer contra el mundo? …{AFC64 154.3}
El Maestro demanda obreros evangélicos. ¿Quiénes responderán? Todos los que entran en el ejército no han de ser generales, capitanes, sargentos, ni siquiera cabos. No todos tienen el cuidado y la responsabilidad de dirigir. Hay duro trabajo de otras clases que debe hacerse. Algunos deben cavar trincheras y construir fortificaciones, algunos han de estar como centinelas, algunos han de llevar mensajes. Al paso que no hay sino pocos oficiales, se requieren muchos soldados para formar las filas del ejército; sin embargo, su éxito depende de la fidelidad de cada soldado.{AFC64 154.4}
Hay un ferviente trabajo que ha de ser hecho por nosotros individualmente, si hemos de pelear la buena batalla de la fe. Hay en juego intereses eternos. Debemos revestirnos de toda la armadura de justicia, debemos resistir al diablo.—The Review and Herald, 17 de julio de 1883.{AFC64 154.5}

Comentarios

Comentarios

También podría gustarte Más del autor

Deja un comentario