Somos propiedad de Dios

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Reconoced que Jehová es Dios; él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Salmos 100:3.
Dios ha creado al hombre y le ha dado todas sus facultades de cuerpo, alma y espíritu. El Señor Jesús lo ha comprado con un precio tan pleno, tan amplio, como para que no pudiera haber competencia. ¿Qué puede ofrecer el hombre a Dios que no sea ya propiedad del Señor? Dios dio las facultades y cada operación de ellas pertenece a Dios. Eso significa que vuestra experiencia, de principio a fin, ha de estar íntimamente unida con Cristo. El aprender las lecciones de mansedumbre y humildad de corazón os hace participantes de los sufrimientos de Cristo y os hace apreciar las virtudes de la vida de Cristo.
Haya una oración constante: Guárdame con tu poder, no resbalen mis pies; no se llene mi corazón de planes ambiciosos para exaltarme…
Ayúdame, ¡oh Señor! para comprender que por mí mismo no puedo hacer nada de una orientación verdaderamente pura. El yo, el yo, estará continuamente activo buscando reconocimiento aun en las actividades santísimas…
Nuestra obra individual ha de copiar el carácter de Cristo, quien dio su vida para que nos fuera posible hacer esto. ¿Daremos la evidencia al mundo de que somos hijos de Dios, comprados por precio y que estamos dando frutos en el habla, en el tono de las voz y en la bondad del amor redentor, demostrando lo que significa guardar los mandamientos de Dios? …
La gracia dada le costó al Cielo un precio que es imposible que midamos. Esa gracia es nuestro tesoro más preciado, y Cristo quiere que se comunique mediante nosotros. Es sagrada, en el nombre de Jesús, para la salvación del alma. Es la revelación del honor de Dios, un despliegue de su gloria.—Manuscrito 182, 1903.

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