Transformados de gloria en gloria

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Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. 2 Corintios 3:18. {DNC 23.1}
Cuando recibe la iluminación del Espíritu de Dios, el creyente contempla la perfección de Jesús, y al considerarla, se regocija con gozo inexpresable. En el yo ve pecado y desesperanza; en el Redentor ve un carácter inmaculado y un poder infinito. El sacrificio que Cristo hizo a fin de poder impartirnos su justicia, es el tema en el cual podemos meditar con entusiasmo más y más profundo. El yo no vale nada; Jesús es supremo… {DNC 23.2}
El poder transformador de la gracia puede hacer de mí un participante de la naturaleza divina. En Cristo ha resplandecido la gloria de Dios, y al contemplar a Cristo, contemplamos su abnegación recordando que en él mora toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y el creyente se acerca más y más a la Fuente de poder… {DNC 23.3}
Cuán esencial es que tengamos la iluminación del Espíritu de Dios porque sólo de esa manera podemos ver la gloria de Cristo, y al contemplarlo, nuestro carácter se transforma debido a nuestra fe en Cristo y por medio de ella… [El] tiene gracia y perdón para toda alma. Al mirar por la fe a Jesús, nuestra fe atraviesa las sombras, y adoramos a Dios por su maravilloso amor al dar a Jesús el Consolador… {DNC 23.4}
El pecador puede llegar a ser un hijo de Dios, un heredero del cielo. Puede levantarse del polvo y permanecer revestido con la vestimenta de la luz… Con cada paso que da, ve nuevas bellezas en Cristo, y se asemeja más y más a él en carácter. {DNC 23.5}
El amor que se manifestó hacia él en la muerte de Cristo despierta una respuesta de amor agradecido, y como una contestación a la oración sincera el creyente es conducido de gracia a gracia, de gloria en gloria, hasta que al contemplar a Cristo, sea cambiado a la misma imagen.* {DNC 23.6}

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